Conversación con Max del Río
Por Francisco Tinajero En los tiempos actuales las cinefilias ‒y con ellas, la distribución‒ se han diversificado tanto que si queremos ver la filmografía completa de Kieslowski o algún que otro estreno infame como Mesa de regalos (2025), de Noé Santillán-López, basta con que acudamos a las comunidades digitales, muchas de ellas con nombres que satirizan “las buenas costumbres/prácticas” del cine, para leer las opiniones ‒ora ridículas, ora acertadas, pero siempre con el cine en el centro de la conversación‒, o para conocer su disponibilidad de visionado en nuestros sagrados aposentos naranjosos cifrados en alfabeto cirílico ‒guiño guiño‒. Lejos de la imagen ideal de los artistas que celebran la distribución alternativa de sus obras, valga recordar las fotos de Béla Tarr y Barry Jenkins en puestos de películas piratas en Perú y México respectivamente, lo cierto es que los directores/artistas no siempre ven con buenos ojos estas acciones. Ahora bien, qué pasa si es el cineas...