Sean eternxs


Por Pablo Gamba 

Al comienzo, Sean eternxs (Argentina, 2022) se presenta como una película en la que se recurre a la entrevista en voice over, como es habitual en el documental, pero va contra eso el montaje en contrapunto de imagen y sonido. Hay un testimonio que se escucha mientras aparecen imágenes que no son correlativas y, por tanto, no ilustran lo que dice, y se ven personajes que mantienen diálogos que no están registrados en la banda sonora. Parece manifestarse, así, una voluntad brechtiana de usar unos recursos expresivos contra otros y que está en relación con el tema: la mirada amorosa que Raúl Perrone ha dirigido siempre a los jóvenes en situación social precaria en su cine, enfrentada con los lugares comunes estigmatizadores de los medios de comunicación. 

Este trabajo con el género cinematográfico –que también lo es el documental– hace pensar igualmente en la manera como el cineasta se apropió de los slackers del cine estadounidense para hacer algo diferente en la Trilogía de ItuzaingóLabios de churrasco (1994), Graciadió (1997) y 5 pal peso (1998)–. Traerlo a colación también es pertinente porque vuelve el motivo de la religión en estas otras películas, introducido aquí igualmente al comienzo mediante la voz de un predicador callejero que habla de las tinieblas de las malas obras, en contrapunto con imágenes de una cámara que se desplaza en auto por las calles registrando la cotidianidad de Ituzaingó, localidad de la periferia de Buenos Aires donde Perrone ve y realiza su cine. Asimismo están de vuelta las nubes, otro de los motivos claves de esas tres obras de los noventa. 

A los personajes de Sean eternxs se los registra visualmente en actividades recreativas, como el baño en una piscina. Son imágenes que muestran la que debería ser la normalidad y evidencian que la vida sana de estos jóvenes puede darse en determinados contextos, en contrapunto con la historia de pobreza, violencia familiar e iniciación en el crimen del testimonio del delincuente. Pero el desarrollo formal lleva después a escenas en las que la relación imagen-sonido cambia, y la voz en over se transmuta en conversaciones en las que las palabras se conjugan con el aquí y el ahora. 

Hay que tener presente, en relación con esto, la cuestión de la separación de las representaciones sociales y la vida, hacia la que también apunta Raúl Perrone. Los considerados problemas de la sociedad y las respuestas institucionales –temática documentalista con la que el cineasta se confronta– se manifiestan en los diálogos como circunstancias que los jóvenes afrontan para decidir su propio destino. 

Es allí donde cobra relevancia la ayuda de Dios que algunos pueden necesitar como sostén en ese camino. De esta manera vuelve la espiritualidad popular de la Trilogía de Ituzaingó, la de la oración del personaje que solo pide tener un buen día en Labios de churrasco frente al discurso terrorífico del predicador callejero de Sean eternxs

El título es un fragmento del himno nacional de Argentina, lo que es presentar a estos jóvenes, en particular los cuerpos que se observan en su aquí y ahora, como la materia de la patria que se prolonga en un tiempo encarnado, no un “futuro” separado de la vida, considerado en términos abstractos. La conjugación de opuestos del presente y la eternidad, de la que solo podría haber esperanza con el auxilio de un ser que sostenga a los seres frágiles que lo necesitan, como el pueblo a su Dios, se plasma en la escena subacuática de la piscina, en la que se ve nadar a los jóvenes con la impresión de ingravidez de lo sumergido, y la sensación que transmite el sonido, de fusión con una materialidad que parece sueño. 

Una vez más hay que considerar con relación a esto el problema de la separación, y no hay que olvidar que, cuando el cine de Raúl Perrone dirige la mirada al cielo, lo que se ve, se ve en nubes físicas. Esa misma prolongación carnal del tiempo es aquí la de la vitalidad creativa de un cineasta que trabaja de manera ultraindependiente, y que ha venido realizando películas a un ritmo de dos y hasta tres al año desde 2018, según el registro de IMDb. 

Aunque no se crea en Dios, no deja de parecer milagroso, no la abundancia de esta producción, que expresa una sabia manera de lidiar con las circunstancias materiales del cine, sino el nivel de inspiración que ha mantenido. Es algo que lleva a pensar en el vínculo que, sea lo que sea que esté arriba, existe entre Perrone y sus personajes.

Esta nota se publicó originalmente en Desistfilm.

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