Materia oscura y otros cortos en video de Narcisa Hirsch

 

Por Pablo Gamba 

El estreno de Materia oscura (Argentina, 2023), de Narcisa Hirsch, como parte de un programa que reunió otra obra suya en video reciente, Myst (Argentina, 2019), y Kosmos II: La incertidumbre (Argentina-Francia, 2018), que realizó junto con Robert Cahen y Rubén Guzmán, ha sido uno de los detalles destacados de la exhibición que se dedica a la cineasta experimental y artista argentina en el Centro Cultural Kirchner (CCK) en Buenos Aires. Se titula Narcisa Hirsch. La intensidad de una mirada y se extiende hasta el 12 de noviembre. 

La participación de tres realizadores en Kosmos II da una clave sobre estas películas, quizás extensible al cine de Hirsch en su conjunto. Me refiero a la cuestión del diálogo, incluyendo en esto la posibilidad de entender así también la mirada de la cineasta al universo. El diálogo ya está muy claramente implícito en dos de sus primeras obras: Come Out (Argentina, 1971) y Taller (Argentina, 1976-1977). La primera podría ser vista como una respuesta a la pieza de Steve Reich de la que toma el título (Estados Unidos, 1969) y al film Wavelenght (Canadá-Estados Unidos, 1967), en tanto el proceso óptico del desenfoque al enfoque está en contrapunto con la progresiva distorsión del sonido, y el zoom out con el zoom in de la película de Michael Snow. Taller dialoga con A Casing Shelved (Canadá, 1970), de Snow. En ambas hay una descripción verbal de objetos vistos, o no, en la pantalla. 

Dicho esto, describiría Kosmos II como el resultado del diálogo que se da en la pieza entre los tres realizadores. Sus aportes se conjugan con un resultado enigmático, un poco como en un cadáver exquisito surrealista, y es lo que la identifica como una obra colectiva. Los motivos, sin embargo, convergen, de algún modo también misterioso, en torno al tema del universo y el lugar del ser humano en él. Esto trasciende las individualidades en la creación de un sueño a tres, visual y sonoro, de creación del mundo. Siento lo dialogal también en cómo la tecnología digital homologa las imágenes y los sonidos, y permite un montaje fluido de lo diverso. 


Kosmos II

En Myst el diálogo vuelve a ser con otras obras de arte que se pueden identificar. Se trata de las instalaciones que integraron la exposición Cómo atrapar el universo en una telaraña que presentó el artisa Tomás Saraceno en el Museo Moderno de Buenos Aires entre 2017 y 2018. Pero también dialoga Hirsch aquí con la tradición poética del cine underground estadounidense, al proponer un mito cósmico en el que el universo es una araña pollito que camina. Hay que reparar en la manera como se llama en Argentina y países cercanos a las que más generalmente se conoce como tarántulas, en una película que es bilingüe, español-inglés. El universo se presenta así como pensado desde un punto que es como un átomo geográfica y culturalmente situado. 

Dialogan también esta pieza y Materia oscura con un mundo que se nos presenta cada vez por intermedio de imágenes que nos saturan de experiencias que solo podemos tener de forma virtual. Van sustituyendo incluso experiencias directas posibles, como en esa compulsión que padecen hoy los turistas de grabar con el celular en lugar de ver con sus propios ojos. Las partes en negro, sin imágenes, pueden ser consideradas una respuesta a eso, un eclipse de la saturación visual. 

La materia oscura del título se presenta también como una respuesta a la afirmación de lo representado como verdadero implícita en el reconocimiento de los referentes como lo real. Abre frente a este único mundo posible el espacio de la incertidumbre y las preguntas. La voz intenta restituir de esta manera la posibilidad de volver a pensar el mundo desde la poesía y la filosofía. 

Myst y Materia oscura tienen como una suerte de corolario la intervención de la sala sonora del CCK que es parte de la exposición, creada por el músico y artista del sonido Nicolás Diab en colaboración con Hirsch. Privado de luz en la medida en que lo hacen posible las ventanas del viejo edificio del correo, donde funciona el centro cultural, en ese espacio se escuchan fragmentos poéticos de Hirsch en su propia voz, proyectada de una manera que la hace sentirse como si flotara sin cuerpo, aunque con el grado suficiente de distorsión para que tenga algo de análogo a la materialidad del ruido. Habla del cosmos, del sol y de cómo se siente preñada por su luz real, en esta época en la que el mundo se disuelve cada vez más en luces virtuales. 


Myst

Para próximas notas volveremos a la exposición para comentar otras películas que se vieron y se pueden ver en el CCK, así como a las que se proyectarán próximamente en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA). Pero no quisiera terminar sin un comentario sobre cómo el homenaje no deja de expresar, con cierta trágica ironía, la posición de marginación que los cineastas experimentales han ocupado y ocupan en los campos de las artes visuales y el cine. Es algo que sostengo de modo que resalte la voluntad y esfuerzo de la curadora, Daniela Muttis, que junto con Tomás Rauntenstrauch, nieto de Hirsch, se dedican a investigar, reunir, digitalizar y difundir su obra en la filmoteca que lleva el nombre de la cineasta. También de la buena gente que intenta aceitar con diligencia los engranajes de la administración pública para que funcionen. 

El estreno de Materia oscura fue parte de un programa presentado en días de semana, comenzando a las 17:00 horas (5:00 pm), y que incluyó la proyección simultánea de películas diferentes en dos salas. Resultaba inevitable elegir entre ver unas y no otras, lo que paradójicamente mantuvo, en esta manera de hacerlas accesibles, la dificultad o imposibilidad que hay de tener acceso a estas obras. Vi problemas de proyección en el espacio que se dedica a exhibir continuamente otros cortos en una de las salas de la exposición. Otras piezas se presentan en tablets fijadas a la pared que no se ven ni se escuchan a más de pocos centímetros de distancia. 

Si todavía no se entiende con claridad dónde está lo político del cine experimental de Narcisa Hirsch o Claudio Caldini, que históricamente han sido sus figuras más importantes en Argentina, basta invitarlo al CCK a que vea cómo lucha para ejercer su derecho a ser visto. Pese a todas las buenas voluntades que han convergido y convergen en torno a él ‒como ocurrió notablemente en los años setenta, cuando el Instituto Goethe le dio un lugar en tiempos de terrible dictadura cívico-militar‒, su desajuste con respecto a la institucionalidad no se resuelve. Para el Instiuto de Cine y Artes Audiovisuales no existe, a pesar de que parece incluido en lo que sigue a la “y” en su nombre. Son hechos que hacen evidente que se trata de un cine que se sostiene por una necesidad de expresión permanentemente enfrentada con el sistema y que solo podría desarrollarse plenamente y florecer en una sociedad diferente. Esto también es parte del diálogo de la obra de Hirsch con el universo, con el mundo capitalista y burocrático en que vivimos, en particular.

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