Un gif larguísimo y Natural Human

 

Por Pablo Gamba 

En Cero en Conducta y Freaks, secciones del Festifreak que reúnen películas que nos gustan a los que vemos cine experimental, están respectivamente Un gif larguísimo (España-Noruega-Grecia, 2023), de Eduardo Williams, que se presentó por primera vez en la exposición del Forum Expanded del Festival de Berlín, y el estreno en Latinoamérica de Human Natural (Alemania, 2023), obra hecha en colaboración por el dúo Ojoboca (Anja Dornieden y Juan David González Monroy) y Andrew Kim. 

Un gif larguísimo fue concebida como instalación, pero se inscribe en la serie de películas que Eduardo Williams comenzó con El auge del humano (Argentina, 2016) y ha continuado, saltándose la segunda, si es que no es esta, con El auge del humano 3 (Argentina y otros países, 2023), premiada como mejor película en la sección Zabaltegi del Festival de San Sebastián y que se estrenó en Locarno. Las tres se caracterizan por un acercamiento a lo humano que no se define por contraposición con lo inhumano de la sociedad capitalista, y sí por la falta de solución de continuidad con la naturaleza no humana y los artificios de la tecnología. 

La de Williams es una humanidad juvenil y periférica, integrada por individuos sin futuro en continuo movimiento entre los que no existen fronteras nacionales. Es una mirada disruptiva con respecto a los enfoques sociologizantes de la juventud y los llamados “marginales”, pero que no deja de plantear problemas por el biologismo que les contrapone y su tecnofilia acrítica. 

El constante movimiento del organismo humano en contrapunto con los de la vida colectiva y el cosmos son el eje de esta pieza. El título hace alusión a una forma de arte que comenzó a desarrollarse con animaciones hechas en el formato GIF. Con referencia a esto yo vería la composición, que despliega las imágenes en tres círculos, dos de las cuales tienen un movimiento que las lleva a cruzarse mientras atraviesan la tercera, la más grande y central. El tiempo de este desplazamiento y el de las imágenes le dan sentido a Un gif larguísimo como obra para el “cubo blanco” de una galería. Puede ser más placentero que verla corrida, de principio a fin, en un cine.
 

Las imágenes que más se destacan son las de una inmersión en el aparato digestivo del actor Nahuel Pérez Biscayart con una cápsula endoscópica. Es la parte humana orgánica de Un gif larguísimo mientras que lo cósmico es evocado por el movimiento planetario de los círculos y el mar que desplaza al interior del cuerpo al final. También se percibe el cuerpo fílmico de las otras imágenes de la que de algún modo es una pieza de tres canales. Estas consisten en largos loops de paisajes naturales y urbanos. El uso del teleobjetivo está en contrapunto con la endoscopia. 

Dicho esto, Un gif larguísimo no pareciera aportar mucho más que una mayor abstracción a la mirada a la humanidad desarrollada por Eduardo Williams en las dos películas de la trilogía El auge de lo humano. Sin embargo, el sonido cobra relevancia aquí, sobre todo considerando el contexto de la galería. Es una manera de que alcance a distancia a los espectadores, de que los atraiga y los envuelva con su estruendo, lo que no ocurre del mismo modo en el cine. 

El contrapunto de voces en varios idiomas conforma personajes que brevemente se perfilan como tales. Pero apenas sobresalen, integrados a un ruido ambiental desbordado que, por su capacidad de producir sensaciones cuasitáctiles, cobra un aspecto material sólido. Es otra manera de expresar la integración de lo humano a la materia del mundo. La amplificación distorsionadora del uso del ruido producido por el viento al chocar con los micrófonos funciona, además, como una “interfase” natural-tecnológica que hace patente otra falta de solución de continuidad. 

En síntesis, aunque el título hace referencia a imágenes visuales, lo más significativo de esta obra es su capacidad de llenar el espacio con su estruendo. Así como hay una penetración de la vista en el cuerpo humano, también es una experiencia de inmersión en la sustancia sonora del mundo humano-natural-tecnológico del cineasta. Por otra parte, es una opción por el impacto como recurso para estimular el debate, lo que incluye la espectacular exhibición del aparato digestivo.


Aunque Natural Human es una colaboración de Ojoboca con un artista con el que los vincula el colectivo Labor Berlin, se la identifica como una pieza característica del dúo por los recursos de la fábula científica y el tópico de los tests psicológicos. También por la referencia al falso documental y el motivo de la copia, que están presentes en otro trabajo del dúo alemán-colombiano con Andrew Kim: Instant Life (Alemania, 2021). 

La relación con Un gif larguísimo está en que ambas piezas se preguntan por lo humano, en este caso caracterizado por la necesidad de adquirir, mediante el aprendizaje por observación y copia, identidades que se expresan performáticamente. Es lo que irónicamente se llama aquí el “imitador mutante”. La estética retrofuturista es por sí misma una apropiación análoga en Natural Human

Pero así como en la obra de Williams parece ser dominante la búsqueda del impacto, aquí lo es el divertimento. La mirada del falso documental ‒que incluye una entrevista‒ se dirige hacia una convención de fanáticos del furry, géneros de ficción con animales antropomórficos, en la que se disfrazan como esos peonajes. Lo que puede haber de interés en esto es la extensión de la noción de “queer” a modos de crear la propia identidad que rebasan los géneros y orientaciones sexuales, en las múltiples búsquedas “extrañas” de ser felices características de la humanidad y que aquí abarcan lo que por sentido común es no humano: animales y máquinas. Pero también se reitera, como es necesario aunque siempre se ha sabido, que no hay nada más humano que el error.

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