Voix-tonnerre

 

Por Pablo Gamba 

Voix-tonnerre (Francia-Colombia, 2023) se estrenó en diciembre en el Festival Bogoshorts y es parte ahora de Videoformes, festival de videoarte y culturas digitales de Clermont-Ferrand, en Francia. Es una pieza que se basa en la interpretación de un gran actor del cine de arte internacional, Denis Lavant, pero se trata también de una creación de dos colombianos: el compositor Marco Suárez-Cifuentes y el artista multidisciplinario conocido como Nieto. 

El cortometraje es una adaptación de un fragmento del segundo acto de la ópera Reveló, en la que Suárez-Cifuentes y Nieto han trabajado juntos desde 2017. El título en francés podría traducirse como “voz-trueno” y viene del Evangelio de Juan. La ópera está inspirada en el Apocalipsis que algunos atribuyen al mismo autor bíblico, uno de los doce apóstoles de Jesús. 

En internet puede verse el corto desde el 13 de febrero, en una versión hablada en francés y subtitulada en ese idioma e inglés. Funciona como una pieza que acompaña a Reveló. La producción es de la compañía de artistas multidisciplinarios Le Balcon, para la que Nieto ha trabajado como director en montajes de óperas de compositores contemporáneos como Karlheinz Stockhausen y Michael Levinas, entre otros, y como realizador de videos.
 

En Voix-tonnerre Lavant despliega su característico trabajo físico. También saca partido una vez más de su extraño rostro inconfundible y del mito que se ha forjado en torno a este actor de culto por su trabajo con Léos Carax en películas como Mauvais sang (1986) y Les amants du Pont-Neuf (1991), junto con Juliette Binoche, y más recientemente Holy Motors (2012). También ha interpretado papeles memorables para Claire Denis y Harmony Korine, entre otros directores. 

Pero es igualmente importante la relación del cuerpo del actor y su personaje con el espacio. El referente real de la locación puede ser reconocible para los franceses: el anfiteatro de honor de la Escuela Nacional de Bellas Artes. La dominante en la pieza es, por tanto, la tensión entre el estilo “beaux arts” del academicismo francés, del que ese recinto es el ejemplo emblemático, y la actuación visceral, el maquillaje, el peinado y el vestuario del personaje que interpreta Lavant, junto con la vulgaridad de algunos detalles del video. El contraste se percibe con claridad por referencia al mural de Paul Delaroche que decora el anfiteatro, que representa a los genios del arte de diversas épocas y estilos coexistiendo en una clásica armonía que la tensión desafía. 

En la puesta en escena hay cuatro placas metálicas que tienen otra fuente medieval: el tetramorfos, los cuatro evangelios. Por tanto, hay también una asociación del personaje del Profeta con la iconografía de Lucas, santo patrón de los artistas, en tanto los cuernos lo representan como un toro. La tensión con el estilo clásico, y por ende con lo apolíneo, lleva a agregar la referencia del toro y el macho cabrío a los rituales dionisíacos de la Antigüedad.

Yo les encuentro otra referencia, fílmica, a las placas metálicas en el monolito de 2001, odisea del espacio (1968). Me parece coherente con la figura dominante en la forma de Voix-tonnerre, que es la esfera ‒la cual también tiene como fuente la iconografía medieval‒, y que me refiere a la circularidad de la historia en el film de Stanley Kubrick. Me hace pensar, además, en cierto parecido de la actuación de Lavant con los monos del comienzo de 2001 en torno al monolito.


Hay, además, una integración de la música extradiegética a la puesta en escena cuando el Profeta toca una matraca y una corneta. Esto es parte de la representación esférica, que es símbolo de la totalidad, según Juan Eduardo Cirlot, y que puede referirse tanto al espacio como a la circularidad de la historia: el Apocalipsis como fin de los tiempos y regreso del pasado.

Lo contenido en la esfera incluye elementos reconocibles de la época actual: la comparación de la matraca con un Kalashnikov, gráficos de computadora animados y la estética electrónica en general. También tensionan la pieza con la oposición entre la cultura “elevada” ‒las bellas artes que tienen allí un lugar consagratorio, donde se confieren sus honores‒ y los detalles vulgares a los que hice referencia: el lugar común del efecto visual que representa la electricidad como “rayos”, por ejemplo, o el culo que se forma en el centro del anfiteatro como otro círculo, anal. 

La puesta en plano tiene un aspecto esférico por referencia a una deformación de las imágenes que asocio con el video 360. Sobre esta base se crea otra tensión, en paralelismo con la actuación de Lavant y los contrastes estéticos señalados. Es la que se produce mediante la metamorfosis constante de la imagen, empleando para ello los efectos digitales. Causa la impresión de que la esfera se deforma como por estiramiento hasta el punto en que la figuración se rompe y la imagen se vuelve abstracta, como ha ocurrido cuando el corto comienza. Pero se estabiliza hacia el punto medio para tensionarse de nuevo. Al final parece que la representación esférica se da vuelta y es como el espacio visto ahora desde el cuerpo del actor, en una representación barroca en la que el Profeta se ve a sí mismo en el espacio que mira.


Los movimientos de la cámara desestabilizan la distinción del abajo y el arriba. Por sus acercamientos, alejamientos y desplazamientos en torno a la figura del Profeta, crean la sensación de que los estiramientos y estrechamientos de la esfera son como sístole y diástole, un latido de la forma. Transmiten de esta manera a la obra entera la tensión entre la visceralidad vital dionisíaca y el orden apolíneo como el personaje de Lavant al interactuar con el espacio. 

El culo que se abre en el centro del auditorio de honor se presenta como un osado desafío, por su irreverencia, al orden institucional de las artes. La referencia al fusil creado en la Unión Soviética, en la matraca con la que el Profeta “dispara” digitales contra el mural de Delaroche, da la impresión de que ametralla su historia. Quizás incuso se le podría encontrar al personaje un parecido con el Calibán de La tempestad de Shakespeare y traer a colación la cuestión de la colonización y el colonizado, considerando el origen nacional de Suárez-Cifuentes y Nieto. 

Pero creo que lo que hay en esta pieza es una espectacular versión ahistórica, geométrica, de la dualidad apolíneo-dionisíaco. La posible cita señalada me lleva a compararla con 2001, odisea del espacio, pero sin tiempo. La de Kubrick es una película que abarca toda la historia de la humanidad en una elipsis. Salta de sus orígenes al punto culminante de su desarrollo en el que entonces era el futuro. Aquí el tiempo está detenido, disuelto en el espacio esférico que late. El pasado se halla simbólicamente en un presente total sin porvenir. Con la perspectiva histórica neutralizada de este modo, no se puede entender qué orden desafían este Profeta y el culo. 

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