Antes do nome

 

Por Pablo Gamba 

Antes do nome (Brasil, 2026) se estrena en la Mostra de Tiradentes, el festival más importante para las tendencias innovadoras del cine brasileño. Está en la sección Autorías como un reconocimiento al director, Luiz Pretti. Es un cineasta que ha desarrollado una carrera como montajista en filmes como Arabia (Brasil, 2017), de João Dumans y Affonso Uchoa, o Idade da pedra (Brasil, 2024), de Renan Rovida, sobre la que escribimos en este blog, y siendo parte del grupo Alumbramento (2006-2016) de la ciudad de Fortaleza, que integraron también Pedro Diógenes y Guto Parente. Con ellos codirigió Estrada para Ythaca (Brasil, 2010), que fue premiada en Tiradentes, entre varias otras películas. 

Alumbramento es una referencia de la renovación del cine brasileño a partir del año 2000, en particular de la vía de experimentación en pequeñas producciones alternativa a las grandes películas de la llamada “retomada”, como Central do Brasil (Walter Salles, 1998). También de la diversificación regional que ha propagado el cine de ese país más allá de los centros de producción tradicionales de Río de Janeiro y São Paulo. En este contexto, Luiz Pretti se ha vuelto un cineasta errante que además ha filmado películas en Río, su ciudad natal, mientras que Antes do nome se hizo en el estado de Minas Gerais. 

El cine de Alumbramento fue disidente de la industria por la búsqueda de una manera horizontal de organizar la realización, inicialmente como colectivo aunque después se transformó en empresa, y por recurrir a alternativas de bajo presupuesto a las vías institucionalizadas por el financiamiento estatal. Más recientemente, Luiz Pretti ha colaborado varias veces con Clarissa Campolina, como codirector de los cortos O porto (Brasil, 2014) y Os que se vão (Brasil, 2018), y el largometraje Enquanto estamos aquí (Brasil, 2019), que se estrenó en el Festival de Rotterdam. Campolina es una de las productoras de Antes do nome

El título y un diálogo de una madre con su hijo refieren a la distinción entre existencia y esencia, y a la libertad de elegir el propio destino aun dentro de las limitaciones que impone la realidad de un país como Brasil, algo que también se señala en la misma conversación. Es una recuperación del existencialismo que acompaña la inscripción que haría de Antes do nome en la que Isaac León Frías llama la “segunda modernidad del cine”, con apropiaciones también del tópico del individuo alienado en la ciudad moderna de Michelangelo Antonioni en particular, cineasta que en su tiempo inspiró a brasileños como Walter Hugo Khouri (Noite vazia, 1964) o Luiz Sérgio Person (São Paulo, SA, 1965), por ejemplo. 

Pero el film de Luiz Pretti va más allá de esa apropiación hacia la que el mismo autor llama “modernidad transfonteriza” en su experimentación. Es algo que se hace evidente por la manera como se realizó. Calificaría a Antes do nome de remix, en tanto los créditos finales informan que se hizo con metraje que se rodó para la mencionada Os que se vão y para A torre (Brasil, 2019), de Sérgio Borges, de la que Luiz Pretti fue montajista. Se usaron filmaciones en 16 mm de Ivo Lopes Araújo, que ha trabajado con Luiz Pretti y su hermano Ricardo desde sus primeros filmes, y fue director de fotografía de películas de Alumbramento como O último trago (2016). También material del making of de A torre, de archivos fílmicos y fotográficos, y de internet, entre otros. 

La película se desarrolla fluyendo de la ficción al documental, y del digital en diversas resoluciones al cine experimental en soporte fílmico, lo que conlleva mutaciones respecto a la sensorialidad visual. Desestabiliza el personaje como conductor del relato con sus transformaciones posibles, así como las representaciones del espacio y el tiempo de un modo que sigue la deriva del protagonista en fuga de la ciudad de Os que se vão hacia el espacio natural de A torre y de una playa, pero también con una lógica abstracta que interfiere esa narrativa con la musicalidad del ritmo y la exploración plástica de la imagen, a lo que se añade la tensión entre planos que se filmaron para otras historias. 

Sin embargo, así como rebasa unas fronteras estéticas, Antes do nome permanece dentro otras: las que definen el lugar del cine artesanal de la “segunda modernidad” por diferencia del espacio del cine experimental. Hemos escrito sobre esta distinción en un ensayo de Los Experimentos. Situaría la divisoria en el recurso ordenador de la narradora en tensión con la dispersión formal. Su voz es la de Barbara Colen, actriz de Bacurau (Kleber Mendonça Filho y Juliano Dornelles, Brasil, 2019). El trabajo colectivo comprende en la segunda parte la inclusión de relatos que fueron propuestos por los actores y actrices, según indican los créditos finales, y que se insertan de un modo convencional que refiere a los testimonios de una película documental. 


La apariencia moderna de la ciudad de Belo Horizonte en el presente del comienzo, enrarecida antonionescamente por la falta de profundidad de campo y la abstracción geométrica de algunos planos, es saboteada, además, por la inserción de material de archivo sobre su precariedad pasada. Son imágenes que me parecen reveladoras de la relación con su entorno natural, que parece reclamarla para revertir la modernización en los planos iniciales de tormenta, como un presagio. 

Correlativamente a eso, el personaje en fuga va de la ciudad al campo y allí se encuentra con un grupo que parece hacer vida comunitaria ‒lo que refiere al propio cine hecho comunitariamente, al equipo de rodaje en el making of de A torre, quizás‒. Los cuerpos ‒de belleza natural disidente en el caso de las mujeres‒ se muestran desnudos, bañándose en un río, interactuando físicamente en una parte que me parece que también puede venir del detrás de cámaras, de la preparación para una escena de ese otro film. No es difícil encontrar en esto la representación de un ideal de vida diferente, quizás posible aquí y ahora, sin transformar la sociedad. Hallo allí otra recuperación, del “¡vámonos!” (¡lets go!) de la generación beat y de los hippies también, conjugado con las preocupaciones ambientalistas y por la ancestralidad propias de nuestro tiempo. 

Destacaría, por tanto, la lucidez política que encuentro en la desestabilización de eso al final, por la que percibo como una resolución más baja de la imagen y el que describiría como un viento sonoro, pero también de la forma, como si la naturaleza y el film se conjugaran para hacernos sentir lo borrosa y frágil que es la posibilidad de cambiar la vida así en las circunstancias del presente, específicamente del Brasil de hoy. Algo análogo escuchamos con Thelonious Monk al piano, tocando de un modo que hace sentir las vacilaciones de lo que se crea aquí y ahora. Antes do nome, que se presenta al comienzo como un film que el director soñó, políticamente me parece, entonces, como un sueño que hace que nos levantemos contentos. Así recupera, además del cine, el pensamiento de los lejanos años sesenta y setenta, tiempos que ya no volverán.

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