A fabulosa máquina do tempo


Por Pablo Gamba 

La película de apertura de la sección Generation Kplus del Festival de Berlín, dedicada a filmes para niños y niñas de 10 años de edad en adelante, fue A fabulosa máquina do tempo (Brasil, 2026). La directora, Eliza Capai, ganó el premio a la mejor película nacional en el festival de documentales brasileño É Tudo Verdade ‒uno de los más importantes de América Latina‒ por Incompatível com a vida (Brasil, 2023), y fue galardonada por Amnistía Internacional en Generation 14plus de la Berlinale, para mayores de 14 años, por su largometraje más conocido, Espero tua (re)volta (Brasil, 2019). 

A fabulosa máquina do tempo se presenta como un documental sobre el impacto del programa Bolsa Familia del gobierno brasileño en la localidad de Guaribas, en el estado de Piauí, en el Nordeste de Brasil. Era uno de los lugares más pobres del país, en el que por esta razón comenzaron a ponerse en práctica las políticas sociales del primer gobierno de Lula da Silva. 

En Los Experimentos he defendido la validez de este cine como compromiso cívico con la democracia, frente a quienes lo descalifican como “películas de ONG”. Pero, aunque no la haya hecho un organismo social del Estado ‒aunque sí es coproducción del poderoso grupo de medios O Globo‒, A fabulosa máquina do tempo va más allá y se alinea con la propaganda oficial. 

Es una característica que también lleva a preguntarse por qué una obra como esta fue seleccionada para abrir una sección de la Berlinale. La respuesta está en la contemporaneidad de los recursos que utiliza Eliza Capai y ubican la película en la que Bill Nichols llamó la “modalidad performativa” del documental. 

La ciencia ficción es uno de ellos. Se conjuga de un modo casi natural con el protagonismo de las niñas para comparar el presente con el pasado del pueblo y, sobre todo, abrir la perspectiva del mañana. Parecidamente a como ocurre en los largometrajes de ficción del también brasileño Adirley Queirós, estos personajes se prestan para que la ciencia ficción transforme las preguntas del cinéma vérité documental en una historia ‒la representación del rodaje del film‒, en torno a la cual los juegos de las niñas performan lo que sus mayores fueron, lo que ellas son y lo que sueñan con llegar a ser en el futuro. 

Eliza Capai usa grandes planos generales para hacer patente la condición rural de la localidad y revelar detalles de la pobreza que aún persiste allí, a pesar de los cambios que se han producido desde 2003, fecha que citan los personajes y que corresponde al comienzo del primer gobierno de Lula da Silva. Pero no es la problemática socioeconómica su principal interés, más allá de las comparaciones con el pasado que un personaje califica de esclavitud. 

Las partes sucesivas se concentran en aspectos de la contradictoria realidad presente de la localidad de Guaribas. Uno es la persistencia de las divisiones de roles entre varones y mujeres, por ejemplo. Otra parte está dedicada al impacto que también ha tenido allí el desplazamiento del catolicismo por diversas iglesias evangélicas. Las niñas performan la identidad de género tradicional cuando juegan a ser adultas, pero también cómo viven su fe. 

Es lo que explica a posteriori la secuencia de ficción del comienzo, que cita el Génesis para plantear una pregunta sobre qué pasaría si Dios hubiese hecho a las mujeres de barro y no con una costilla del hombre, como dice la Biblia. Pero no queda claro si fue invención de las niñas o propuesta de la directora. 

A la parte de la religión le sigue la del cuerpo y sus cambios con la pubertad, lo que pone de manifiesto otras contradicciones. Las mismas chicas que hablan del pecado, y rechazan la bebida por enseñanza de la iglesia y casos de alcoholismo en sus familias, bailan sensualmente reguetón. Cantan letras que no entienden, de contenido sexual evidente, aunque leen los libros de la escuela que tratan de los cambios que van a atravesar, y les enseñan acerca de su cuerpo, el de los varones y cómo tener relaciones sexuales sanas y seguras. 


Fotos: Carol Quintanilha

Queda ahí otra pregunta abierta acerca de la supuesta oposición de algunas congregaciones religiosas a este tipo de enseñanzas. El documental pareciera desmentir eso, pero sin recurrir a otro testimonio que no sea el de las niñas. Así como las protagonistas hacen evidente su corta edad cuando cantan lo que no entienden, hay una parte que las confronta con una amiga, un poquito mayor, que ya es una adolescente y se ha separado del grupo por su despertar sexual. Pero si esa parte del futuro, la de los cambios del cuerpo, sigue siendo especulación para la mayoría de ellas, se le añaden otras aspiraciones que también llevan a otras preguntas, por ejemplo, sobre la emigración a las ciudades, porque no podrían hacerse realidad en el pueblo donde han nacido.

Esta perspectiva de contradicciones y cambios en desarrollo, de futuro abierto, tanto en la comunidad como en las vidas individuales, es el mayor acierto de A fabulosa máquina do tempo, junto con el uso de los recursos del documental performativo, como dije al comienzo, y haber hecho con niñas una película que no se parece para nada al “cine infantil” hegemónico. 

Pero por otro lado está la postura de compromiso con los cambios positivos de un gobierno democrático. Por sí misma es válida, como también dije al empezar la nota. Sin embargo, aquí me parece demasiado poco crítica frente a problemas como el trabajo, que queda fuera de campo, y otros que el documental apenas roza o hace tema de juego, pero no de debate. Se podría contraargumentar que así la película se abre a la participación del espectador o espectadora, a partir de lo que le muestra de una realidad contradictoria. Pero entonces habría otro problema con la decisión de hacer esta observación panorámica, pasando de una cuestión a otra sin profundizar.

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