Chicas tristes

 

Por Pablo Gamba 

Chicas tristes (México-España-Francia, 2026) se presenta en la apertura del festival Cinélatino de Toulouse. La película del Colectivo Colmena, ópera prima como directora de largometraje de Fernanda Tovar, viene de ganar el Oso de Cristal al mejor film y el Gran Premio del Jurado en la sección Generation 14plus de películas para público adolescente de la Berlinale. 

Es un coming of age esta película, y a este género se lo rechaza por reiterado en el cine latinoamericano. Se lo cuestiona, además, por la noción implícita de que América Latina es como un mundo joven aún, que todavía está en formación. La crítica apunta en especial hacia los filmes que premian en Europa, como es este caso. Pero también Europa es una oportunidad de conseguir diversos fondos para hacer películas, y yo diría la profundidad con la que la cineasta construye el mundo de las adolescentes aquí debería disipar las suspicacias al respecto. 

Esa profundidad, por cierto, está en tensión con algunos rasgos típicos de las óperas primas. El más notable es una corrección característica, forjada a través de los largos trayectos de algunos proyectos por laboratorios y eventos de industria. El de Chicas tristes comprendió desde el Talents Guadalajara hasta el mercado de cine Ventana Sur, así como también, en Europa, en el taller Next Step de la Semana de la Crítica del Festival de Cannes, por ejemplo. 

Esta corrección se percibe en la cuidadosa construcción de los encuadres correlativa al desarrollo de los personajes. Crea una tensión entre los planos que las muestran juntas y en los que se las ve separadas, bien sea frente a cámara o una sí y la otra reflejada en un espejo, por ejemplo, o en un evidentemente metafórico espejo roto; entre planos cerrados y otros que las presentan con relación al espacio del mundo adulto que se abre a su alrededor. 

También el guion incluye las llamadas escenas de rigor, como la competencia final de los personajes que se entrenan para ser parte de la selección mexicana que irá a unos Juegos Panamericanos Juveniles en Brasil. El rigor del orden se percibe, además, en que la película empieza y termina con escenas similares, como observó la crítica peruana Mónica Delgado en una nota de Desistfilm

Las protagonistas son dos mejores amigas de 16 años de edad, enfrentadas por algo que le ocurre a una y no quiere compartir con los demás. Es un hecho traumático que podría haber llevado a la película por un camino didáctico, porque es un abuso sexual. Pero la historia tiene un desarrollo distinto, mucho más complejo, lo que es igualmente parte de sus virtudes “académicas”. 

El escamoteo de la escena del abuso, y los tiempos lentos y la tendencia al silencio de Paula, transmiten su dificultad para entender lo que sucedió, lo que siente y actuar en consecuencia, hacen que los espectadores y espectadoras tengan que meterse en ella y ser participativos para entenderla. La Maestra, como llaman a su amiga, es lo contrario: es habladora y resuelta. Pero en su caso se trata de verla desde afuera: cómo se equivoca cuando trata de entender a Paula, y al decir y hacer lo que cree correcto, orientada frecuentemente por un chat de IA. 

Pero con relación a todo esto aún estamos en el marco de lo que habitualmente se espera de los espectadores y espectadoras, lo que incluye la capacidad de seguir la parte del drama que se desarrolla formalmente que quizás no tiene la mayoría. Lo realmente interesante, para mí, de la película es la dimensión más profunda todavía que alcanza cuando desborda esto que la razón puede entender y se explaya en otras búsquedas de un tipo más puramente sensorial. 

Un ejemplo es el momento de aproximación al cine experimental característico de las películas del Colectivo Colmena. En Chicas tristes lo encontramos en la escena en la que Paula y regresa en auto de la fiesta donde ocurrió el abuso, y el paisaje que ve por la ventana se transforma en una impresión visual vertiginosa, desestabilizadora de todos los otros planos que en la composición expresan le que le pasa a ella y la relación con la Maestra. 

Lo más notable, en este sentido, es cómo se aprovechan las escenas subacuáticas que el motivo de la natación justifica. La manera en que la película se detiene en esto desborda lo que exige la construcción de los personajes y el desarrollo de la historia, abriendo un espacio para la percepción de la relación de los cuerpos con el espacio bajo el agua y otras sensaciones auditivas. Esto alcanza un grado máximo de intensidad cuando la búsqueda de sentido de lo que ocurre en el contexto del drama se desarma frente a la pura invitación a la exploración y el disfrute visual de la belleza de los cuerpos vistos desde debajo del agua y reflejados en la superficie.



Hay una escena en la que vemos los cuerpos de manera parecida, con las cabezas distorsionadas porque están sobre la superficie. Le dan un lugar a estas imágenes en la dramaturgia formal por referencia a cómo las adolescentes están como entre dos mundos, viviendo entre sus sensaciones y emociones y las razones adultas. Pero reitero que hay algo en estos planos que lo desborda, y de esa manera no nos hace ponernos en el lugar de ellas para entenderlas sino que nos hace sentir junto con ellas, lo que es diferente. 

También fuera del agua hay cosas parecidas. Un ejemplo son las sombras chinescas sin sombra, el juego de Paula y la Maestra haciendo figuras de este tipo con las manos, pero contra un cielo abierto y radiante de sol. Ahí hay también un puro disfrute de las formas que desborda la comunicación. 

Así como hay planos de sentido obvio en los que las figuras se pierden entre sus reflejos en cristales, hay otros en los que los espejos se usan para crear con la luz un destello que desgarra el espacio visto en el plano. Es como si, al igual que hay un mundo subacuático en la película, se pudiera abrir otro en la pura luminosidad. Si bien el motivo del eclipse tiene un sentido obvio en la historia con relación al deterioro de la amistad, esos otros instantes en los que la película, literalmente, flashea, resaltan el aspecto puramente sensorial del contraste. 

En la conversación en torno a Chicas tristes inevitablemente se impondrá el tema del abuso y la denuncia, la cuestión de entender que muchas jóvenes son como Paula, mientras que otras actúan en un sentido contrario por causas que no son estrictamente razones ni dominio de la situación. Pero es realmente en las partes más sensoriales que nos sumergimos o relampagueamos bajo el sol con las adolescentes. Aunque es una película sobre un problema de las chicas de esa edad, logra así distanciarse del tópico de la juventud como problema. También del discurso crítico de Latinoamérica como mundo joven. Este film nos hace sentir, por el contrario que puede haber otros mundos en el nuestro, como el de Paula y la Maestra.

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