Safo

 

Por Pablo Gamba 

Safo (Brasil, 2025), el segundo cortometraje de Rosana Urbes, compitió recientemente en el festival de animación Lanterna Mágica de Goiânia, en Brasil, y en el Festival de Tampere, en Finlandia. Se estrenó el año pasado en Annecy, donde recibió el premio Alexeïeff-Parker a la película que más se destaca por sus técnicas artesanales y el uso de tecnologías analógicas. 

Urbes es una animadora que ha trabajado en la industria, en producciones de Disney. En Safo recurre a la mesa multiplano, un dispositivo que se relaciona con la cámara multiplano, de la que Lotte Reiniger fue pionera en los comienzos de la animación pero que desarrolló estudio estadounidense para crear un efecto de tridimensionalidad en los dibujos animados, filmando a través de planos superpuestos. El galardón de Annecy, sin embargo, llama la atención acerca del uso alternativo de este dispositivo, combinado con otras muy diversas técnicas que van desde el dibujo sobre el papel hasta la pintura sobre vidrio, incluyendo la animación de objetos, sobre todo de plantas. 

El uso de hojas, flores y semillas permite ubicar a Safo en la tendencia ecológica del cine contemporáneo y la sexualidad de la poeta griega refiere, sobre todo, a la agenda progresista que este cine suele también defender. En la película se hace explícito el vínculo de la poesía con la naturaleza, con las plantas. Queda implícita la naturalidad del amor lésbico y de la invención propia de las mujeres en un personaje que se dibuja a sí misma ‒en referencia a la concepción performática de las identidades‒. El corto transmite una falta de solución de continuidad entre la belleza de ese amor, de la naturaleza y el arte. Lo que no es natural es que una cineasta que muestra lo que tiene para dar en una película como esta tenga que hacer carrera en la industria y que hayan pasado diez años desde que dirigió Guida (Brasil, 2015) hasta Safo

Pero el verdadero valor de este corto está más allá de eso y de las técnicas fascinantes que despliega. Está en la manera como crea de este modo una identidad disidente de la animación, sobre todo cuando combina los dibujos con los objetos en el plano, filmados del modo que la mesa permite resaltar la tridimensionalidad. Es un film de un género distinto del dibujo animado y el stop motion, de una expresión que es cinematográfica y naturalmente queer

Detrás de la sensualidad de todo esto se distingue un concepto. Vincula los fragmentos que han llegado hasta nuestros días de Safo, a través de citas y traducciones de diversos otros autores de fragmentos que a veces son incluso palabras incompletas, con la concepción fílmica de una narración mutante hecha de partes que son cada una de ellas una elaborada construcción. 

Escuchamos la poesía transmutada de Safo en la propia voz de Urbes, que también le da una singularidad con su forma de declamarla en portugués y de acompañarla de música, y vemos imágenes que se transforman como ha ocurrido con los textos. En el desarrollo formal del corto salen de diversos libros para hacerse story board y animación, en la que también es una revelación de los procedimientos demostrativa de su modernidad fílmica. 

La impresión visual de tridimensionalidad, combinada con la posibilidad de reconocer como reales las hojas, flores y semillas animadas, así como las páginas de libros, que además están subrayados y con notas adhesivas, entre otros objetos, son un lúcido correlato de la materia de los fragmentos literarios que han llegado a nosotros de pasados remotos. El amor de las palabras de Safo adquiere así un cuerpo visible y evoca también sensaciones táctiles, lo cual refiere a los cuerpos de las mujeres a las que canta con su propia belleza. 


Pero la posibilidad que da la animación de hacernos leer las palabras escritas como si siguieran siendo ellas mismas a través de las páginas de los diversos libros en los que las imprimieron, transmite a la vez la impresión contraria de trascendencia de los cuerpos materiales. La relación del significante con el significado de los signos queda vinculada así también a la animación, a esa “ánima” que adquieren los objetos y dibujos cuando el cine los organiza y los anima, y que por tanto es pagana, griega, un alma aristotélica, y no cristiana. 

Hay también un espacio y un tiempo en el que se desarrolla la narración hecha con los fragmentos de Safo, y que se hacen palpables con la impresión de volumen y el paso del día a la noche en el relato. Pero está en tensión con lo abstracto en el diseño y los dibujos bidimensionales. Construyen un mundo sensible, pero que es otra manera de percibir la naturaleza, un modo en que el cine puede hacernos recuperar los sentidos de su atrofia por el exceso de estímulos que nos rodean, como la poesía puede desatrofiarnos la sensibilidad. 

La expansión de esta película es tal, que también encuentro en ella la necesidad de recurrir a la voz narradora en over y a la música para darle una cohesión que la haga comprensible para un público que no sea la minoría que disfruta el cine experimental. Sin embargo, al completar así la unidad que más tenuemente le da la narrativa al cuerpo mutante del cortometraje, Safo deriva hacia lo didáctico, en particular en la presentación de la poeta, al comienzo. 

Es un límite contra el que chocan inevitablemente el cine experimental y el cine narrativo contemporáneos frente a públicos que nunca parecen lo suficientemente preparados para ellos. El vanguardismo parece tener un destino trágico en ese contexto. Pero yo prefiero entenderlo de otra manera, como películas que se pueden hacer para un mundo y un público que todavía no existen, pero por eso mismo invitando a los espectadores a seguir creciendo con ellas, a cambiar de un modo radical. Este corto parte en esa aventura, pero no llega al final camino. Es una hermosa película del presente, no del futuro.

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