El salto y Memórias encontradas numa banheira


Por Pablo Gamba 

En la competencia internacional de Oberhausen estuvieron El salto (Colombia, 2025) y Memórias encontradas numa banheira (Brasil-Portugal, 2025). La primera se estrenó en el festival de cortometrajes alemán y es la segunda película de la que tengo noticia del artista y cineasta colombiano Jerónimo Rincón Díaz. Ha sido realizador también de Stigmata (2024), que estuvo en Bogoshorts y el Festival de Busan. Memórias encontradas numa banheira es obra del brasileño Leonardo Pirondi, cuyo cine hemos comentado en Los Experimentos, y se estrenó en el Festival de Cine Underground de San Diego. 

El salto claramente se inscribe en la corriente ecologista del cine contemporáneo. Trata de la contaminación del Salto del Tequendama, una espectacular caída de agua de 157 metros de altura ubicada en un abismo circular rocoso, la cual es una atracción turística cercana a Bogotá. 

Hay otra tradición legendaria vinculada con esta cascada, la de los suicidios que se cometieron reiteradamente allí, lanzándose al vacío desde una piedra, en la primera mitad del siglo XX. Escribí hace poco aquí una nota sobre Tragedia sentimental (Colombia, 2025), de Juan Ferro, un cortometraje de archivo basada en uno de esos casos y la manera como la prensa lo registró. 

También hay un mito originario vinculado con el Salto del Tequendama, el de Bochica, un extranjero sabio que enseñó la agricultura y el hilado al pueblo de los muiscas, y creó mágicamente la catarata para salvarlos de una inundación. Cronistas españoles lo describieron como barbudo y de piel clara, y le dieron una interpretación mesiánica, colonialista y civilizadora. 

La película, rodada en 16 mm en color y revelada a mano, con diversas intervenciones que distorsionan las imágenes, expresa fílmicamente, por analogía, la contaminación de las aguas. En consecuencia, tampoco comienza con la vista espectacular del Salto del Tequendama que mostrará después, sino con los estragos de la espuma que se forma en las aguas, en un territorio que es también ganadero, y un personaje que trata de despejar las montañas blancas en las que se acumula cuando desborda el río hacia un pueblo cercano. 

Organizado el argumento en secciones sucesivas claramente diferenciadas, el corto prosigue con una breve parte cuya fragmentación socava la linealidad coherente de los relatos del progreso, en consonancia con la representación contraria, como deterioro, de lo que ocurrió. Registra así en planos cortos una foto del pasado y detalles de documentos e ilustraciones, por ejemplo, y los incorpora abstrayéndolos de sus contextos originales, en una reescritura de la historia y el mito que relaciona la civilización con la destrucción del ambiente. 

La imagen “contaminada” en el laboratorio se presenta como correlato artificioso sensible de los estragos de la polución, en la alteración de los colores o mostrándose como lo contrario de lo natural, en el negativo o el deslizamiento en reversa del film. Las superposiciones dan una representación espectralizada de la belleza que aún conserva el bosque, en la que Rincón juega, además, con el desplazamiento horizontal y vertical del agua del río y de la cascada para componer uno de sus mejores planos. Se añade a todo esto una rítmica abstracta en contrapunto con el tema, construida en el montaje. 

Lo más llamativo de El salto es cómo las distorsiones fílmicas logran producir una imagen diáfana de una concepción distorsionada del progreso. Hay más claridad en lo que así se consigue que la que podría alcanzarse con una argumentación documental, que además quizás acarrearía la paradoja de que inscribiría la destrucción ambiental en un contexto de razones que explicarían su irracionalidad con referencia a la lógica de los males del capitalismo ‒nos harían entender que el deterioro ha tenido una necesidad histórica‒. En esto, en los logros técnicos y la tensión que consigue, sobre todo, entre la belleza del salto registrada en los preciosos colores del 16 mm y el espantoso daño ambiental, en el que descubre un apocalipsis, está el valor de este corto. 


Memórias encontradas numa banheira es una de las películas fragmentarias que Pirondi basa en  referencias literarias y cinematográficas, lo que puede conllevar la necesidad de apoyarse en la presentación escrita del realizador para entenderlas. Esto crea una tensión entre lo que se halla en el argumento y lo que apenas está citado o señalado en el paratexto, por ejemplo, la obra de ciencia ficción homónima de Stanislaw Lem (1961) y su historia de una plaga que destruye el papel, de modo que de la cultura escrita de la humanidad sobrevive, como testimonio, el texto de un diario que es parte de la novela. 

Podemos entender, así, que lo que lee la voz en over del corto es otro texto que quizás sobrevivió, un fragmento de una novela brasileña sobre una familia pobre que vaga por el desierto, el sertão del Nordeste de ese país, sacado de su contexto de un modo que pone de relieve el sueño esperanzado de los campesinos, en contraste con la distopía de Lem. La banda visual es de ruinas, aquello que podría dar testimonio, en materia sólida, del lugar donde se halló el texto y lo que fue aquel pasado. Dado el blanco y negro, sin embargo, el sobreviviente podría no ser las ruinas sino el fragmento de película que las registró y que recuerda que el cine adaptó la obra brasileña. El final no aclara el enigma, pero refuerza, con el inesperado color, la sensación de esperanza. 

Los testimonios fragmentarios que llegan a nosotros y cómo construimos el pasado sobre esa base, respondiendo a nuestra circunstancia en el presente, es el tema del corto Memórias encontradas numa banheira. La intensa participación del espectador que exige, y que justifica la información de las citas y el paratexto, como todo el conocimiento que precede y enmarca los hallazgos históricos, conlleva la responsabilidad de interpretar e imaginar. Puede hacerse de diversas maneras, contrarias inclusive; de un modo desesperanzador o para atreverse a plantear la esperanza, como ocurre aquí a diferencia de la novela de Lem. Es algo que funciona mejor con la concentración, además. Cuanto más breve el film, menos información contiene y más actividad del espectador o espectadora necesita para completarse, y este corto dura cuatro minutos.

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