Un montón de silencios
Por Pablo Gamba
En el European Media Art Festival (EMAF), en Osnabrück, Alemania, se presentó Un montón de silencios (Puerto Rico-Estados Unidos, 2025). Es un cortometraje documental de Sofía Gallisá Muriente que se exhibió antes en la muestra Matrix 197 del Museo de Arte del Ateneo de Wardsworth, en Hartford, Estados Unidos. Trata de un hecho vinculado a la historia de Puerto Rico, patria de la artista, que ocurrió en la localidad cercana de West Hartford y sigue estando entre los relatos de una parte silenciada del pasado del país caribeño.
La guerrilla independentista puertorriqueña Ejército Popular Boricua (EPB), más conocida como los Macheteros, asaltó allí en 1983 un depósito de dinero de camiones blindados del banco Wells Fargo. “Expropiaron”, en términos de los insurgentes, o “donaron a la causa”, como dicen que dijo el principal autor del hecho, 7 millones de dólares. La operación, llamada Águila Blanca, llegó a ser el mayor robo de dinero en efectivo en la historia de los Estados Unidos.
La historia de los Macheteros ha sido el tema de un largometraje documental puertorriqueño reciente, Filiberto (Puerto Rico-Venezuela, 2017). Relata la actividad guerrillera de Filiberto Ojeda Ríos, que de músico de salsa pasó a figurar como el “responsable general” del EPB. Pero un montón de silencios pone en tensión la retórica de películas como esa. Si el film de Freddy Marrero trata de llevar la historia del guerrillero a un espacio de la verdad institucionalizada, siguiendo las convenciones de la televisión y las plataformas, Un montón de silencios desestabiliza este tipo de documental testimonial en busca de una analogía con el modo como se cuentan las verdades que circulan margen de los circuitos oficiales, en voz baja, entre el pueblo.
La reelaboración del testimonio, característica de la transmisión oral, así como la incompletud y la opacidad de los relatos, son rasgos distintivos de la retórica del corto de Sofía Gallisá Muriente. Lo inscriben en un documentalismo que es parte del cine que llamamos “contemporáneo” y que identificamos con una “segunda modernidad del cine” (Isaac León Frías).
En lo que se cuenta de la operación encontramos todas las imprecisiones y lagunas propias del modo como se desarrolla, como una conversación. Al misterio en torno al paradero del principal autor del robo, que sigue prófugo y que se cree refugiado en Cuba, se añade así el aspecto misterioso característico de las leyenda de los héroes. Es aquí el de otra narrativa posible para transmitir la memoria del pueblo por entre las brechas del silencio impuesto por la colonización estadounidense.
El héroe del relato es Víctor Gerena, un trabajador de Wells Fargo que se acercó a los Macheteros para proponer la operación. La historia se basa en el testimonio de uno de sus colaboradores, recogido por Carlos Gallisá, el padre de la realizadora. Fue un destacado político independentista y socialista que actuaba en el marco de la legalidad, y que murió en 2018. Es una razón por la que la realizadora y otra mujer interpretan el testimonio. Pero esta decisión es también un modo de desestabilizar la verosimilitud propia de los documentales y de cuestionar el machismo que al final atribuyen a la guerrilla.
Otro recurso desestabilizador es el metraje fílmico del cultivo de tabaco, motivo por el cual se formó una comunidad puertorriqueña en Hartford, de trabajadores agrícolas. Aparecen así imágenes que tienen el extraño poder de referirnos a otro tiempo al registrar el presente. Frente a la imagen digital de alta resolución hegemónica, encontramos aquí esta huella espectral, como si el film pudiera registrar los fantasmas del pasado, además de lo real visible.
La realizadora recurrió también a la fitografía de Karel Doing, a la imagen del tabaco plasmada como otra huella, no por filmación de las plantas sino por contacto e interacción directos de sus hojas y flores con el soporte fotosensible. Es el vínculo que hallamos aquí con otros filmes de Sofía Gallisá Muriente, que se inscriben en una línea de trabajo con relación al medioambiente y la memoria de Puerto Rico. Investigan cómo el clima es un factor que conforma lo que podemos saber del pasado de la isla por los efectos que tiene sobre los documentos que lo testimonian.
Hemos comentado en Los Experimentos tres cortometrajes de Sofía Gallisá Muriente que son parte de esta otra búsqueda: Asimilar y destruir I y II (Puerto Rico, 2018 y 2019), y Celaje (Puerto Rico, 2020). Pero Un montón de silencios no es una película experimental como esas. Lo que consigue es tensionar, como dije, las convenciones de la retórica del cine documental.
Otros testimonios perfilan a Gloria Gerena, que falleció en 2022. Era la madre de Víctor, y también una trabajadora social y activista de la comunidad puertorriqueña en Hartford. Es un personaje que se construye en la película sobre la base de entrevistas a testigos no identificados que intervienen en voice over, sin hacerse visibles, presumiblemente, por razones de seguridad, el mido que sigue hasta hoy. Solamente hay una mujer que se atreve a aparecer frente a la cámara.
El documentalismo convencional se tensa también en la manera como lo que cuentan de la madre se alterna, sin solución de continuidad, con el del robo y la memoria de otra operación de los Macheteros vinculada con el dinero “donado”, como dicen que dijo Víctor Gaena: el reparto de juguetes, comida y dinero en la comunidad puertorriqueña de Hartford por los guerrilleros, vestidos como Reyes Magos. Políticamente es un modo de plantear la falta de solución de continuidad entre la vida comunitaria y la lucha, lo que se hace en la legalidad y lo clandestino..
Pero la filmación de artículos de prensa, aunque se trata de desestabilizarla de diversas maneras, no deja de responder al manejo convencional de la imagen con relación a las voces en el documental. Puede decirse lo mismo de los registros en video en la actualidad de Hartford y Puerto Rico, que traen al presente la historia de un modo no espectral, aunque los créditos informan acerca de una posible confusión, difícil de advertir en ellos, con imágenes de espionaje tomadas de un archivo policial. Sobre estos otros recursos se sostiene también Un montón de silencios, de manera tal que la tensión se hace singularmente intensa en torno a las partes de fitografía. De algún modo, más que tensión hay allí un choque entre las inquietudes ambientalistas hoy en boga en la academia y el arte que las sigue, y la tradición latinoamericana del cine testimonial. Me parece revelador de que hay algo profundo difícil de conciliar allí.



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