Lockdown Diaries en 16 mm


Por Pablo Gamba 

La versión en 16 mm de Lockdown Diaries se estrenó el sábado 11 de febrero en la sala del Kino Palais, en Buenos Aires. El segundo largometraje de Jeff Zorrilla se había presentado por primera vez en digital, con una duración un poco mayor, en la competencia Estados Alterados del Festival de Mar del Plata, en noviembre de 2022. 

Zorrilla es un estadounidense radicado en Argentina que se ha incorporado al movimiento de realizadores experimentales de este país. Trabaja principalmente con soportes fílmicos –16 mm y Super 8–. Monger, su primer largo, que también se estrenó en Mar del Plata, es un documental sobre el turismo sexual en Buenos Aires. 

Como lo indica el título en inglés, Lockdown Diaries es un diario de los tiempos de confinamiento por el COVID-19. El lugar que ocupa en la amplia y diversa filmografía del coronavirus se debe a la apropiación y actualización de una tradición que tiene a Jonas Mekas como su figura más destacada. 

El cine en 16 mm y Super 8, originalmente dirigido al mercado de las películas familiares, se presta para una escritura cinematográfica análoga a la del diario literario, porque las cámaras pueden llevarse a todos lados, como una libreta de apuntes, y con ellas es posible hacer “montaje”, sobreimpresiones y juegos con la frecuencia de cuadro, entre otros efectos. Estas prácticas pueden acompañarse del revelado casero, que convierte en un arte lo que habitualmente era un proceso industrial, y también del uso de película vencida, sustancias químicas y diversas intervenciones físicas en el soporte para dejar una huella personal en la obra. 

Este diario visual se conjuga en Lockdown Diaries con otro, en inglés, que fue grabando el cineasta con su voz en las mismas fechas. La película se destaca sobre todo por este comentario sobre la marcha de lo que iba pasando. Se diferencia así de la lógica retrospectiva que pudiera haber tenido una narración documental convencional. La versión en 16 mm acentúa esta singularidad, porque la banda sonora no está integrada a la fílmica sino que se sincroniza en vivo, junto con los subtítulos en español, con las partes fechadas por los intertítulos. 

De esta manera Lockdown Diaries construye una impresión de que el tiempo de la historia que el diario relata transcurre en presente y que está siempre abierto hacia el futuro por la incertidumbre que afronta continuamente el personaje del cineasta acerca de lo que va a pasar. Esto pone a los espectadores en una posición en la que saben más que el narrador sobre el contexto de la historia que relata, su desarrollo y desenlace, lo que abre la posibilidad para una participación intensa por la capacidad de adelantarse al relato y advertir los errores de apreciación del personaje acerca del futuro, además de comparar las experiencias propias de la pandemia con las de Zorrilla. 

También el diario permite, con su construcción del tiempo, rescatar la memoria de lo que se creyó que podía ocurrir, pero no sucedió, y de lo inesperado de algunos giros de los acontecimientos. Es, por tanto, un relato acerca de lo que fue, pero también de lo que no fue y de la incertidumbre respecto al futuro, y de cómo las posibilidades que se abrían o cerraban a cada momento fueron cristalizando, o no, en la manera como se dieron los hechos. 

Pero aunque haya cosas que el espectador puede reconocer como experiencia social común de la pandemia, la parte más importante de la historia es la tocante a la vida personal y familiar del personaje del cineasta, en particular por lo que respecta al trabajo, y la decisión que él y su pareja tomaron de tener un hijo, cuya gestación y nacimiento se narra en la segunda parte de la película. 

La historia, sin embargo, trasciende lo personal si se la interpreta como una posible parábola de lo que es hacer películas experimentales y de por qué el cine de muchos de estos realizadores se desarrolla en la esfera íntima y familiar. Digo esto por una experiencia que Zorrilla relata y que parece poner en entredicho su capacidad de asumir esta labor con una actitud “profesional”. 

El relato de Lockdown Diaries, siempre abierto a lo imprevisible, impide ver en esto un destino de fracaso personal. Lo que sí sugiere, irónicamente, es que la resistencia a cumplir pautas y la insistencia en el “error” son características de un cine que nace de otras necesidades. Sé que la comparación está fuera de contexto con relación a esta película, pero se me ocurre que la anécdota de Zorrilla podría ponerse como ejemplo para explicar qué es una película dadaísta. 

Sin embargo, la aspiración a un estreno como el que Lockdown Diaries tuvo en Mar del Plata ubica a este largometraje en un lugar que no es exactamente el del cine experimental, mucho menos del dadaísmo, por lo que al modo de producción respecta. Un montajista y un sonidista profesionales –Hernán Rosselli y Martín Scaglia, respectivamente–, trabajaron para terminar esta película y a la artista sonora vietnamita Nhung Nguyen creó la música. En el festival se proyectó en digital, lo que significa adaptarse a lo que imponen las normas de la exhibición comercial. 

Por estas razones, habría que considerar Lockdown Diaries como una producción independiente de bajo presupuesto y a Jeff Zorrilla un cineasta de los que pueden ir al instituto de cine a pedir recursos públicos para filmar, a pesar de cómo se representa a sí mismo. Con la versión en 16 mm, sin embargo, el largometraje vuelve al campo de lo experimental por la experiencia única que es cada proyección, debido a la sincronización en vivo de la pista de sonido digital, y, sobre todo, por el destino que probablemente tendrá este ejemplar fílmico de permanecer guardado en algún lugar recóndito de la casa del realizador, como casi todo el cine underground.

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