Conversación con Nuria González Pimentel

 

Por Pablo Gamba 

Nuria González Pimentel participará con Archivos lumínicos y otras sensibilidades (México, 2021) en la muestra del festival Light Matter, curada por James Hansen, que Los Experimentos y el Kino Palais de la Casa Nacional del Bicentenario presentaremos en Buenos Aires en junio y que estuvo antes en la Cinemateca Nacional del Ecuador, en Quito. Pueden ver el programa aquí

Es una pieza en la que la realizadora trans mexicana trabaja el autorretrato recurriendo al archivo y al autorregistro. Pero lo hace de una manera que la diferencia de los cineastas que encuentran en las películas familiares un valor testimonial en el que se apoyan para contar historias personales que pueden incluso trascender hacia la Historia con mayúscula. 

La apropiación que González practica no es de lo que puede verse con transparencia en esas imágenes sino de las heridas que pueden sentirse en ellas, los fantasmas que a veces hay que afrontar para afirmar la imagen propia. Las “otras sensibilidades” del título apuntan hacia un trabajo de intensa fragmentación e intervención del material que desplaza los sentidos referenciales y explícitos, y crea atmósferas de terror que abren la posibilidad de una comunicación sensorial, de un contacto casi físico con el espectador o espectadora. 

Con motivo de la proximidad de la muestra de Light Matter en Buenos Aires, conversamos con Nuria González Pimentel acerca de Archivos lumínicos..., el audiovisual sobre las personas trans y producido por ellas, y las otras facetas de su trabajo como crítica y programadora en el Festival Doqumenta de la ciudad donde vive, Querétaro, y Cinema Queer México.


Hay proyectos con la comunidad trans que, como grabarnos implica ciertos beneficios para otras personas, se vuelven una relación de intereses. No se abordan con mayor profundidad. Esa visibilidad no representa mucho para nosotres

—No veo cómo comenzar esta entrevista sino por una frase del video que me impresionó: “Ser vista, duele”. ¿Cuál es esa mirada que causa dolor? ¿Por qué duele? 

 —Tiene que ver con mis experiencias como mujer trans. Este trabajo aborda cómo he vivido esa experiencia con la imagen. Los archivos personales, los archivos familiares, al menos en mi caso, cargaban con una herida que yo quería resolver. No sé si “resolver” es la palabra, pero sí abordar y explorar. Era lidiar con que me dolía ser grabada, ser fotografiada, y revisitar los momentos en que eso sucedió, trabajar con eso y transmitirlo a través del proyecto. 

—Te pregunto, entonces, cuál podría ser una mirada alternativa, no dolorosa, y si es la que tratas de expresar en tus videos. 

—Lo que motiva mi práctica no es hacer cine para contar una historia sino para encontrar otras miradas y construirlas en estos proyectos, en los que yo puedo apropiarme de ese material y comenzar a explorarlo. En este caso, era a través de mi infancia. Lo que me propongo es construir para, eventualmente, poder mirarme a mí misma en estos archivos, quizás desde la ternura, desde la catarsis. 

 —Este proyecto fue sumamente catártico para mí. No fue un montaje planeado, estructurado, diseñado mediante un story board. El proceso fue más sentarme, abrir Premiere, meter estos archivos en una línea de tiempo y empezar a trabajarlos hasta que me sintiera emocionalmente liberada. Ahí se detuvo el proceso, cuando yo sentí que podía ver estas imágenes con una perspectiva mucho más profunda, personalmente, y que me hacían sentir emocionalmente, que me llevaban a esa catarsis. Es un poco lo que busco proponer con mi acercamiento a estas imágenes. 

—¿Cómo ves tu trabajo con relación al creciente interés que hay por el tema trans en el cine, al menos en algunos circuitos? 

—Yo soy programadora y gestora de proyectos cinematográficos enfocados en el cine queer, trans, LGBT, y mi propuesta está también atravesada por esas experiencias viendo cine de esas temáticas que, como dices, han estado al alza en años recientes. 

—Al menos acá, en el contexto mexicano, percibo ciertas tensiones y diferencias en la forma como se abordan nuestras experiencias y nuestra comunidad. Hay una chica acá, que se llama Rojo Génesis, que suele hablar de los “museos de antropología trans”. Son proyectos donde el cine y ciertos dispositivos artísticos son utilizados para representar con una perspectiva muy directa, con un enfoque realista, nuestras experiencias, pero principalmente en proyectos de no ficción que no necesariamente van dirigidos a nosotres. Muchas veces estos proyectos no nos consideran como audiencia ni incluso, cuando participamos y nos graban, en las remuneraciones. La exhibición cinematográfica termina beneficiando a los realizadores, que la mayor parte de las veces no son de nuestra comunidad. 

—Hay proyectos con la comunidad trans que, como grabarnos implica ciertos beneficios para otras personas, se vuelven una relación de intereses: yo cuento tu historia porque me da acceso a ciertos lugares. No se abordan con mayor profundidad, y esto plantea un dilema, porque el hecho de que haya esa visibilidad no representa mucho para nosotres. Hay complejidades materiales y emocionales en nuestras vidas que estos proyectos no alcanzan. 

—Pienso que estas exploraciones están muy limitadas porque van dirigidas a ciertas cuotas de representación. Tienen listas de lo que tienes que cumplir, qué cosas no tienes que transgredir, cuál es la forma correcta de hacerlo. Para mí, no hay una forma correcta. Hay que abrir el espacio para dialogar qué complejidades hay en cada forma. Necesitamos recorrer más caminos y explorar otras posibilidades. Es es lo que queremos: no quedarnos en un lugar fijo sino seguir experimentando con nuestro cuerpo, con la imagen, con el sonido, con la imagen en movimiento. 


—En mi caso, he encontrado otras propuestas que influencian mucho mi trabajo. Muchas veces parten de la ficción, de la reapropiación para construir nuestras realidades y narrar nuestras experiencias, que son mucho más complejas que las narrativas de cierto cine de no ficción. Pienso que el videoarte, el cine experimental y el cine de terror son mejores vehículos para abordar la complejidad de nuestras experiencias. 

—Mi trabajo está muy apegado a lo sensorial, a generar emociones físicas, más que a explicarte quién soy yo, cuál es mi historia, cuál es mi proceso, cómo te explico que me trates. Se trata de vincularnos más a través de nuestra corporalidad y nuestras emociones más primigenias. No sé si es la palabra, pero por ahí, más o menos, va. 

—¿Podrías mencionar algunas de esas referencias? 

—Creo que una de las influencias más importantes es el cine latinoamericano que aborda el archivo. Me acuerdo de Como el cielo después de llover (Colombia, 2020), de Mercedes Gaviria. También fueron importantes para mí No Home Movie (Chantal Akerman, Bélgica, 2015) y My Mexican Bretzel (España, 2019), de Nuria Giménez. Me acuerdo también mucho de Still Processing (Canadá, 2020), de Sophy Romvari. 

—Ya más en términos de cine queer, hay un cortometraje que está disponible en línea, Surrender (EE UU. 2019), de Caroline Kopko, que es básicamente experimentación material con la imagen. Fue una de las primeras aproximaciones que vi a trabajar con el propio material y comunicar desde allí, que es mi acercamiento al cine experimental. Es parte de lo que influencia mi trabajo: conectar la materialidad de la imagen, que en mi caso son materiales digitales, con mis experiencias corporales. 

—Era retomar eso y ver cómo lo hacía mío. Son formas de abordar el archivo que, para mí, rompían algunos de los mandatos de no ficción que veo en mucho cine queer. Colocan en el centro cómo tratar los archivos familiares y cómo se atraviesa todo ese proceso; esa reflexividad, que no es solo narrar sobre los archivos y borrar el proceso. El proceso, completamente subjetivo, de viajar en el tiempo pienso que es una de las cosas que más me llamó la atención durante la realización del proyecto. 

—¿Por qué te interesa el terror? 

—El terror, en términos del cine que yo veo, es con lo que más acercamiento tengo. Lo que me encanta es que siempre está aterrizado y centrado en el cuerpo. Ahí hay varias lecturas desde lo trans: las conexiones con lo monstruoso, el transgredir ciertos límites, el expandir nuestros imaginarios y nuestras posibilidades. Creo que lo que más me gusta del cine de terror, por más problemático que sea en algunos casos, es justo esa posibilidad de aterrorizar ciertos cánones, ciertas estructuras. Es el lenguaje que encontré, y con el que me vinculé, para este y muchos otros proyectos que hago. 

Me gusta acudir a ciertos soportes porque dan la cualidad de como si estuvieras encontrando un objeto en particular, no tanto una película, porque son imágenes que te hablan de otra forma 

—Lo que más me mueve del terror es también que sacude a la gente. Me ha llevado a conectar orgánicamente con las personas. El sábado tuve una función en Querétaro con otro de mis proyectos, y puede experimentar cómo niñes me hacían preguntas sobre el cortometraje. De cierta manera conectaban y los movía. Eso es lo que yo busco como realizadora: que mueva físicamente a las personas y las empuje a decodificar las imágenes, a trabajar con ellas; que no sea solamente una cosa mía sino que las atraviese y que no pueda reducirse a una sola dimensión. Para mí, el terror es el vehículo para lograrlo.

—Otra cosa que me llama la atención en Archivos lumínicos... es la tensión que hay entre la fragmentación y la integridad explícita de aquello que la soporta y que le da unidad, que en ese caso es un VHS y en otra pieza que vi el sistema operativo, porque son diversas imágenes que corren en la pantalla de una computadora. ¿Podrías hablarme un poco de eso? 

—En el caso de Archivos lumínicos... y otros proyectos, es que me gusta que los vean como si estuvieran abriendo un portal. Me gusta acudir a ciertos soportes porque les dan la cualidad de como si estuvieras encontrando un objeto en particular, no tanto una película, porque son imágenes que te hablan de otra forma. No quiero crear una experiencia cinematográfica sino como si fuera un objeto que te está contando algo y lo transforma en una experiencia. Trabajar con esos soportes me da una base para construir el portal y también un lenguaje. 

—A pesar de que este proyecto está fragmentado en cuatro partes, tiene ciertos códigos que me permiten manipular y romper las normas. El VHS es también un portal porque permite jugar con las propiedades de las imágenes que se producen en él y crean la experiencia para las personas. Por ahí va.

—También me llama la atención que esos portales, como los llamas, son en cierto modo anacrónicos. No solo es el caso del VHS sino también del sistema operativo, que se identifica como el viejo Windows XP en la otra pieza que te dije. 

—Probablemente tiene que ver con que lo que a mí me llamaba mucho la atención cuando estaba creciendo, y que ha atravesado mi persona más que el cine, que son las imágenes en movimiento experimentadas en múltiples plataformas, no solo en el espacio cinematográfico. A mí me tocó crecer con internet y me tocó un poco del VHS, de pequeña. Lo que yo busco es también viajar en el tiempo y recuperar, reproducir y transformar las afectaciones que esas imágenes y esas plataformas produjeron en mí en ese momento. 

—Hay un proyecto en el que estoy trabajando, y tengo por allí un avance, en el que busco replicar un poco la experiencia de ver una película de terror cuando yo era niña, en la madrugada. Más que la trama, era el impacto de esas imágenes con la textura de una televisión analógica, con el volumen bajo. Lo que busco también es recrear estas experiencias muy intensas que producen las imágenes en momentos muy específicos de nuestras vidas, que se sienta esa afectación en el encuentro con la imagen. También ir a lugares específicos del tiempo me permite a mí cerrar esa experiencia. 


—Eres también crítica y programadora. ¿Cómo se combinan estas otras facetas tuyas con la de realizadora en tu trabajo?

—Mi relación con el cine trans tiene que ver con el diálogo entre las producciones que surgen en este momento y que, por supuesto, son muy bienvenidas, pero considerando que no son un proceso terminado, que nos deje satisfeches. Es un tránsito en el que siempre tenemos que estar recordando qué pasos dimos, cuál es nuestro recorrido, hacia dónde queremos ir, porque no nos queremos quedar en un lugar fijo. 

—De mi parte, es también trabajar esas propuestas e incorporar las observaciones que tengo yo, y que tienen muchísimas compañeras, respecto al cine, tanto en términos de realización, de forma y de contenido, como en los términos prácticos de las producciones: generar esquemas en los que todos podamos estar beneficiades con colaboraciones horizontales. 

—Más o menos por ahí los vincularía y, por supuesto, a mí también me gusta mucho trabajar con la apropiación. Ahí hay un vínculo muy fuerte con mi práctica, como crítica y como programadora, de estar en contacto con imágenes, ver qué fuerza, que energía cargan esas imágenes, y explorarlas en mi trabajo de realización audiovisual. 

—También me gusta trabajar con producciones hechas en casa. Casi todo el cine que he hecho es casero. Pienso la casa como un espacio político creativo, donde podemos abordar ciertas cosas. En contextos de producción más grandes no se permite esa intimidad ni esa posibilidad de exploración y experimentación, y también de protección. 

—Con Archivos lumínicos y otras sensibilidades has logrado una pieza que ha tenido trascendencia. Se refleja en su recorrido por el festival y las muestras de Light Matter. ¿Cómo ves este momento en tu carrera como videoartista? 

—En la última semana o dos he estado pensando mucho porque han surgido varias oportunidades, tanto en espacios locales, como nacionales y ahora internacionales. Para mí, Archivos lumínicos… fue un portal para definirme como videoartista. Era algo que no tenía presente. 

—En el momento en que yo la realicé, estudiaba Comunicación con especialización en cine, y pensaba que tenía que hacer un cine mucho más hegemónico. Descubrí que no era lo que quería, que mi camino era otro. Actualmente me encuentro en difusión de un nuevo proyecto, que realicé en 2022. Apenas está comenzando a encontrar su espacio en festivales. 

—Lo que más me emociona es que Archivos lumínicos... también es un proyecto cercano a muchas otras personas, y que las invita a encontrar otras formas de abordar el cine que no van por los caminos usuales y permiten explorar otras experiencias. Ser parte de esa construcción, de ese tránsito, me brinda muchísima felicidad.

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