El castillo y Todas las flores


Eduardo Elechiguerra R.

En el marco del trigésimo Sheffield Doc, aquí nuestra primera entrega de la cobertura enfocada en obras latinoamericanas de las distintas competencias y secciones. 

Sección People & Community: El castillo (Martín Benchimol, Argentina, 2023) 

La película atiende, de manera técnica y simbólica, varias formas del adentro y el afuera con respecto al “personaje” homónimo. La propuesta sonora de Sofía Straface será clave para rodear esta construcción arquitectónica con animales domésticos, sonidos y música. 

Así, balidos, gruñidos, gritos, mugidos, ladridos, cantos de pájaros y diálogos breves marcan el ambiente humorístico. Para todo lo que le falta al castillo y el aislamiento que representa, Justina y Alexia lo mantienen sin perder de vista sus pasiones y rutinas. 

Visualmente, Benchimol propone en un par de escenas ver a madre e hija desde la lejanía como cuando la cámara graba a los protagonistas a través de un vidrio. Las conversaciones entre personajes dentro y fuera de escena nos recuerdan la soledad profunda y asumida que abarca la construcción y el terreno en el que se encuentra. 

El realizador, con su primera obra en solitario luego de codirigir El espanto y La gente del río junto con Pablo Aparo, va asomando con gracia la futura soledad materna. Ya en los minutos iniciales es ella quien mantiene la dinámica matutina. 

Mientras la película transcurre, es inevitable recordar Muchos hijos, un mono y un castillo. El actor Gustavo Salmerón exageraba ahí la vida de Julita, su mamá. En cambio, la coproducción latinoamericana mantiene un tono sosegado y, aunque se siente poco clara sobre hacia dónde irán sus personajes, sus reflexiones ambivalentes sobre los beneficios y desaires de heredar un inmueble tienen más alcance que el simple hecho de que Justina sea la heredera. Lo que en aquella obra era excentricidad, burla y capricho, aquí se traduce en la sencillez de la adaptación y rutina. 


Sección Debates: Todas las flores (Carmen Oquendo-Villar, Colombia-Puerto Rico, 2023) 

Un plano de menos de diez segundos condensa la atención de esta obra. En ese momento la película colombo-puertorriqueña recién está presentando a sus primeros personajes. 

Tres figuras femeninas se reflejan en la pared de espejos del bar Tabaco y Ron. Aunque en el plano americano solo se ven dos, uno de los espejos refleja el tercer rostro al fondo. La incomodidad de su cara cuando se ve en el reflejo contrasta con las sonrisas y el movimiento corporal de las trabajadoras sexuales. 

Esa tercera expresión puede pasar desapercibida. Pero, como ocurrirá con otros reflejos de las figuras centrales en esta obra, ejemplifica las muchas aristas que Oquendo-Villar estará buscando para mostrar las caras de institucionalizar la prostitución. 

En la primera media hora causan extrañeza los tantos peluches incluidos en el plano. Esto puede sugerir una infancia estancada o adornada que se mantiene en estos personajes a pesar de trabajar en un burdel. Pero tal decisión también podría sabotear la seriedad de los procesos de transición y autopercepción de los entrevistados. 

A partir de Antanas Mockus y en particular de Diana Navarro Sanjuán, la obra investigará las complejidades de haber logrado lo que se logró al decretar el trabajo sexual como una actividad de alto impacto, con sus beneficios, polémicas y desavenencias. Durante el gobierno de Arana fue legalizada la actividad. Pero una vecina cuestiona, en una escena, las consecuencias de aquella decisión. 

Por su parte, el único plano detalle de toda la película mostrará los labios de Navarro narrando su migración a Santa Fe de Bogotá luego de haberle dicho a su padre que ella era homosexual. Con esta decisión técnica y aun con todas las dificultades que pueda tener la comunidad LGBTIQA+ y sus ámbitos laborales, Oquendo-Villar destaca el activismo del personaje al que, además, le dedica el documental. ¿Dónde más puede iniciar el alcance de un activista si no es con su palabra?


A las escenas estáticas les hacen contrapeso las entrevistas caminando las calles santafesinas. Así, palabra, cámara, cuerpos, caminatas y barrio ejemplifican un movimiento polémico que, de quedarse solo en la quietud, habría sido contradictorio. También son incluidas escenas de actividades con los hijos de las trabajadoras del amor, como son llamadas en otra ocasión. 

Al finalizar la película se vuelve consciente la respuesta de a cuáles flores alude el título, y a qué partes de estas. Bastantes flores, con sus respectivas espinas, tiene la prostitución aun institucionalizada como trabajo de alto impacto en Santa Fe. “Podrán cortar todas las flores pero jamás matarán la primavera”. 

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