Lista de desejos para Superagüi

 

Por Pablo Gamba 

Lista de desejos para Superagüi (Brasil, 2024) fue el largometraje premiado este año en la sección Aurora, la principal de la Muestra de Tiradentes, que se destaca entre las que se dedican al cine nacional en Brasil por la radicalidad de las películas que programa. Es un documental que se rodó en la zona donde está la isla de Superagüi, en el parque nacional del mismo nombre, en el estado de Paraná, en el sur del país, cuyos habitantes se dedican principalmente a la pesca. Lo dirigió Pedro Giongo, que había sido antes director o codirector de tres cortos, los dos primeros de animación. Con el segundo de ellos, Tango (Brasil, 2016), estuvo en Dok Leipzieg y en el festival de animación de Zagreb, Croacia. 

Al comienzo de la película hay un texto que se titula “Lista de decretos” y sintetiza una serie de medidas que se tomaron para la reserva natural. Entre ellas está la prohibición de cultivar la tierra, lo que dejó la pesca artesanal como única actividad económica rentable para la mayoría de la población. Pero tiene que suspenderse los meses de reproducción de las especies. 

Lo que se hizo en instancias administrativas federales con el fin de proteger la vida silvestre terminó así cambiando para mal la vida de los pescadores y las procesadoras de pescado, que se hicieron dependientes de la asistencia social del Estado. Irónicamente, el parque se creó en el marco de la “redemocratización”, después de la dictadura militar que hubo de 1964 a 1985. 

El título plantea una confrontación de las disposiciones gubernamentales con las aspiraciones de los caiçaras, como se llama al pueblo de la isla de Superagüi. Martelo, el personaje principal, escribe una lista de deseos, y el primero es que las cosas vuelvan a ser como eran antes. Trasciende así lo que quiere para sí mismo para expresar la resistencia de la comunidad. 

Los créditos finales informan que las historias de ficción que se relatan fueron creadas a partir de los deseos de un grupo de habitantes de la isla. Las interpretaciones que hacen de sí mismos y de los personajes de ficción, como Oliveira Gomes de Martelo, junto con la importancia que tiene la expresión de sentimientos, inscriben esta película en la vertiente del llamado “documental performativo”. Pero esto se halla en contrapunto con la observación etnográfica y de los problemas sociales de la localidad. Esta otra mirada sitúa los personajes en un contexto con relación al cual hay que considerar cómo se ven a sí mismos y aquello que desean. 


La construcción del tiempo es también resultado de este contrapunto. Los deseos apuntan hacia el futuro. Es algo que se percibe bellamente en el lugar común del cielo de sol brillante y nubes blancas, que llena la pantalla al final, precedido por un gran plano general del viejo Martelo señalando con el dedo hacia arriba, metido en el mar hasta la cintura. Pero el tiempo del estilo observacional es el presente y se abren ventanas al pasado con fotografías. Son registros del recuerdo de personas, la familia y momentos de felicidad que se conjugan con el deseo de que todo vuelva a ser como el idealizado “antes”. A esto se añade, finalmente, el tiempo de la naturaleza, el de las temporadas que se suceden y que está vinculado con la pesca.

Pero más significativa es la tensión entre la resistencia y la forma que toman las aspiraciones “realistas” de las personas a mejorar su situación. Martelo acude a un tribunal para recurrir el rechazo del Estado a concederle la pensión que necesita, y en el registro de la escena se percibe el desajuste entre las cosas, tal como los pescadores las entienden, y la razón burocrática. Pero ni ellos ni otros habitantes de la isla se enfrentan con el poder del Gobierno. La resistencia se expresa como si una acción de ese tipo fuera inconcebible para ellos. Lo único que hay son débiles reclamos de las mujeres por los incumplimientos en lo tocante a un plan social. 

Lista de desejos para Superagüi dialoga así con una obra precursora del cinema novo brasileño, y que es otra película sobre pescadores: Barravento (1962). El primer largometraje de Glauber Rocha también se interesa por la manera de ver el mundo de una comunidad para dirigir una mirada crítica a la religiosidad propia del marxismo de la época. Es la que sintetiza la expresión “opio del pueblo”: creencias falsas que hacen que la gente acepte la explotación. 

Hoy tenemos que admitir que esto evidencia un punto ciego a la resistencia popular. Pero Giongo actualiza esta crítica abriendo la película a las historias de monedas de oro o tesoros escondidos que cuentan los personajes. En vez de enfrentar el poder, se consuelan con esas fantasías incluso si no las creen. Martelo dice que sabe que leyendas no son verdad, pero repercuten de una manera que evidencia su importancia para quienes las relatan y los que tienen interés en escucharlas. Lo que importa es la necesidad de creer, aun en lo que se sabe que es imaginario. La resistencia cultural colectiva es de algún modo análoga: querer que vuelva lo que ya no puede ser. 


Pero los detalles más reveladores de las causas de la pasividad son los que apuntan hacia el miedo. Al comienzo se escucha una voz en over susurrante, misteriosa. “Superagüi, estoy durmiendo, no me podés despertar”, dice, mientras se ve un plano de un extraño pez que ha sacado un pescador del mar en una playa, con un “rostro” que tiene algo de monstruoso y a la vez de humano. Esa voz queda atribuida implícitamente así a esa criatura de aspecto terrorífico y es un elemento que establece con sutileza cierto temor en la atmósfera desde el principio del relato. 

El temor sumergido se percibe claramente en el tribunal con referencia a las autoridades. Lo trae a colación la abogada cuando dice: “No le tengan miedo al juez, no tengan miedo de lo que dicen. Nadie va a discutir con ustedes. Sólo les van a hacer preguntas, y ustedes van a responder”. 

No es el monstruo, sin embargo, el que hace el terror sino al revés, el terror al monstruo. En este sentido Lista de desejos para Superagüi apunta con sutil lucidez hacia un miedo paralizante a las instituciones de la “democracia” que arruinaron la vida del pueblo con sus medidas “progresistas”, y que hacen manifiesto su poder de conceder o negar lo que necesita la gente para sobrevivir. Es una mirada pertinente en tiempos en los que este régimen, que tantas promesas de libertad y prosperidad trajo con respecto a las terribles dictaduras del pasado, falla y se tambalea en diversos países de América Latina.

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