Praia Formosa

 

Por Pablo Gamba 

Praia Formosa (Brasil, 2024) se estrenó en Rotterdam, donde fue la única película latinoamericana en competencia por el Tigre, el premio principal del festival. Es el tercer largometraje como directora de Julia de Simone, después de Romance de formaçao (Brasil, 2012) y Aracati (Brasil, 2015), codirigido por Aline Portugal. Praia Formosa es también la segunda parte de una trilogía que comenzó con O porto (Brasil, 2014), cortometraje que De Simone realizó junto con Clarissa Campolina, Luiz Pretti y Ricardo Pretti, y que compitió en el Festival de Rotterdam. Complementa la trilogía el mediometraje Rapacidade (Brasil, 2023), codirigido por Julia de Simone y Ricardo Pretti, que se estrenó el año pasado en el Festival de Río. 

El motivo que conecta Praia Formosa con O porto es Puerto Maravilla, un proyecto público-privado de “revitalización” de la zona portuaria para aumentar los atractivos de Río de Janeiro como destino turístico internacional, una ciudad para visitar, pasear, gastar y hacer negocios, y lugar de residencia para los más ricos. Las obras se llevaron a cabo en la euforia por la realización de los Juegos Olímpicos de 2016, y para construir allí también un polo hotelero y de eventos empresariales. Se legitimaron ante la opinión pública con la creación de una moderna área peatonal, ciclística y cultural, lo que incluyó la construcción del Museo del Mañana. 

Esa parte de la ciudad, donde tiene su mítico origen la samba carioca, había sido formada por otros trabajos de urbanismo. A comienzos del siglo XX se construyó allí el puerto moderno de Río de Janeiro, lo que cambió por completo la línea costera e hizo desaparecer la Praia Formosa del título de la película. Pero incluso antes se habían hecho cambios importantes para “embellecer” ese lugar. En 1843 se construyó el muelle de la Emperatriz, con motivo de recibir a la prometida de Pedro II, último monarca del Imperio del Brasil: Teresa Cristina de Borbón. Ese proyecto sirvió también para sepultar los restos del muelle del Valongo, en el que desembarcaron en Brasil entre 500 000 y 1 millón de personas esclavizadas traídas de África. 

Irónicamente, ese pasado lo desenterraron trabajos como los que culminaron con la construcción de Puerto Maravilla, impulsados por la visión del futuro que se plasma en el Museo del Mañana. Al remover la tierra, se toparon con las ruinas del Valongo, que ha sido reconocido como Patrimonio de la Humanidad por su valor para la memoria por la UNESCO. 

En ese espacio se ha formado una síntesis involuntaria de la historia del capitalismo, desde la esclavitud hasta el turismo de los cada vez más ricos de hoy. Para los afrodescendientes es un lugar de resistencia, donde comenzaron a asentarse desde mediados del siglo XIX hasta formar una comunidad llamada “Pequeña África”. Han revitalizado el puerto de una manera diferente, reivindicando como parte de su historia y de su cultura de la diáspora africana el hallazgo arqueológico de objetos religiosos que trajeron los esclavizados al Brasil, como le explica a la protagonista, al final de Praia Formosa, la activista y sacerdotisa Mãe Celina de Xangó.


En el cine brasileño reciente encuentro un caso parecido de cineasta que trabaja con capas del pasado de otra ciudad, Brasilia, y la formación de su periferia: Adirley Queirós, en A cidade é uma só? (2011) y Branco sai, preto fica (2014). La mirada de esas películas y la de Julia de Simone se inscriben también en el horizonte de las políticas identitarias progresistas y los discursos de resistencia de la actualidad. Pero Praia Formosa tiene personajes diferentes, que son mujeres, y sigue un modelo genérico distinto de la ciencia ficción del segundo largo de Queirós. 

Muanza, la protagonista, fue traída a Brasil del Congo como esclava. Las circunstancias de una fuga la separan de Kieza, a la que quiere como hermana y con la que busca reencontrarse. Praia Formosa se presenta así como un híbrido de documental y ficción que se desarrolla como melodrama de personajes separados por la adversidad y que intercambian cartas como en las novelas, y es también una historia de fantasmas y laberintos góticos. 

La protagonista se despierta en una casa, en la zona del puerto, en el presente, pero a la vez en el pasado. El recorrido que emprende es para reencontrar el que siente que es su lugar en el mundo, junto a Kieza. Se trata también de una búsqueda de sí misma, que por otras circunstancias, como ocurre en los melodramas, la lleva hacia una comunidad espiritual moderna de mujeres afrodescendientes. Lo personal y la resistencia, que es colectiva, se conjugan de este modo en la historia. También el pasado y el presente: el vínculo afectivo que nace en el tiempo de la esclavitud se renueva como sentimiento de ser parte de una comunidad. 

Hay un motivo visual que viene de las películas de fantasmas y que es clave en la manera como Julia de Simone construye el espacio y las capas de tiempo de Praia Formosa. Es el encuentro de personajes del presente y el pasado, y la transformación constante del espacio interior de la casa de la primera parte. Pasa de ruinosa a habitable, tanto hoy como en el siglo XIX. 

La directora juega más sutilmente con el sonido, haciendo que los trabajos de construcción de Puerto Maravilla se escuchen como un lejano ruido de fondo cuando vemos a Muanza vestida como esclava doméstica. Su viaje, en el que escapa de la casa, la lleva como mujer moderna al mismo lugar en la actualidad, conectados ambos tiempos por un personaje al que vemos llevando un colchón dos veces: en la actualidad y como una aparición del presente en el pasado.


Creo, sin embargo, que es más significativo otro aspecto del espacio. Con la justificación realista del estado ruinoso de la casa, vista en un tiempo de ubicación imprecisa, hay puertas que se salen de quicio al abrirlas, un placard de cocina que se desarma y deja ver a través de la pared un espacio en otro tiempo, y un objeto clave escondido bajo baldosas que es fácil desprender y al que se llega por otra abertura causada por el deterioro. El laberinto se presenta como correlativo de un estado psicológico vinculado a la colonización: el encierro en un lugar que es fantasmal porque tiene poca consistencia real, como es débil la autoridad del ama de Muanza. 

La fuga se revela así como un itinerario de emancipación de los espectros del pasado esclavista. Con referencia a esto que hay que interpretar el baile ritual de la protagonista, de noche, en la actualidad, en medio de la calzada de una avenida del puerto con tránsito de automóviless en los carriles de los costados. La escena comienza con Muanza vestida aún como esclava y termina con ella cruzando la avenida como mujer moderna. La imagen es clara y bella a la vez. 

Pero no siempre se alcanza este equilibrio. En otra escena, Muanza cava en la arena de una playa mientras Kieza, dándole la espalda, se aleja hacia el mar, aunque la llama a gritos. La imagen se presenta como simbólica, pero ¿cómo interpretarla? Si quisiera decir que para redimir el pasado no basta desenterrarlo, como el Valongo o las piezas africanas, la metáfora de cavar sería evidente y, por tanto, pobre. No tendría la fuerza poética del baile o cuando la protagonista sigue el plan de fuga de Kieza recorriendo con el dedo las trenzas de ella, y su hermana del alma continúa trazando un mapa del mismo modo en el rostro de Muanza, por ejemplo.

Otro problema es el de las explicaciones, cuando no se dan. Por ejemplo, una voice over cuenta que se hizo un relleno a comienzos del siglo XX en la costa, lo que aclara por qué la Praia Formosa del título no es una playa sino una parada de colectivos. Pero no ocurre lo mismo con el significado histórico de la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario de los Hombres Negros y San Benito, sitio de resistencia africana desde la Colonia. No se explica por sí mismo y, si no se conoce esa referenca, el relato adquiere un aspecto críptico en esa parte de la película. 

En síntesis, hay una inconsistencia en Praia Formosa, no resuelta con éxito, porque es una ficción poéticamente sugestiva o más claramente didáctica en partes, y en otros momentos oscura o pobre. Pero esto no la priva del valor de su mensaje de empoderamiento de las mujeres afro.

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