Conversación con Alexandra Henao
Por Génesis Azuaje y Pablo Gamba
Mi tía Gilma (Venezuela-Perú-Brasil, 2023) es uno de los largometrajes de ficción venezolanos que se han hecho recientemente sobre la crisis de Venezuela. A pesar del tiempo que ha pasado desde su estreno en festivales, y de los cambios en el país, que se precipitaron este año con la intervención militar y política estadounidense, conserva todo su valor testimonial.
La directora, Alexandra Henao, está en México en la actualidad. Es conocida en el cine venezolano principalmente como directora de fotografía de películas como Puras joyitas (César Oropeza y Henry Rivero, 2007), la ganadora del Goya Azul y no tan rosa (Miguel Ferrari, 2012), 3 bellezas (Carlos Caridad Montero, 2014) y la censurada El Inca (Ignacio Castillo Cottin, 2016), entre otras. En su filmografía como directora figura también el largometraje Kuyujani envenenado (2016), un valiente documental sobre la explotación del Arco Minero del Orinoco y cómo afecta la contaminación a dos pueblos originarios en la cuenca del río Caura, los yekuana y los sanema.
En Mi tía Gilma el tema en particular es la crisis de los hospitales, parte de la problemática humanitaria general del país por lo que respecta al deterioro de la atención a la salud. Es consecuencia del empobrecimiento también, por el cual muchas personas de clase media, que antes podían atenderse en clínicas privadas, van ahora al extremadamente degradado sistema público. Es el caso del personaje de Gilma (Diana Peñalver), que espera turno para ser operada.
La causa de su internación es una golpiza que le dio su pareja, un alto oficial militar frente al cual no cuenta con ninguna protección ‒ni es posible que la tenga, quizás, dada la posición que ocupan las fuerzas armadas en el sistema de poder establecido en Venezuela‒. Es un hombre que la había agredido físicamente antes y que la visita en el hospital ‒lo que a Gilma le causa terror‒. Toma arbitrariamente el control de asuntos personales de ella. Tiene a su alcance el posponer o acelerar la operación y trata de manipularla con eso.
La historia de Gilma podría ser vista como una alegoría de Venezuela, destruida y violentada por quienes se presentaban ante el país y el mundo como sus protectores. En el film está relatada desde la perspectiva de su sobrina, una niña que llega a la pubertad viviendo con su tía mientras espera para poder unirse a su madre, que se ha marchado a vivir en el extranjero. Para Isabel (Maryale Benites) el cuidado de la tía en el hospital es un coming of age, una historia de aprendizaje acerca de cómo sobrevivir en un país que ha llegado al punto de descomposición que ha alcanzado Venezuela, en un entorno marcado por el abuso y la corrupción, la necesidad de robar para conseguir lo que se necesita y las manifestaciones de protesta contra Nicolás Maduro.
En Venezuela, Mi tía Gilma fue galardonada como mejor ópera prima en el Festival del Cine Venezolano, y por las interpretaciones de Peñalver y Benites, pero sigue sin ser estrenada comercialmente en cines. Estuvo también en el Festival de Morelia, en México, y en el Festival de Cine de Viña del Mar, entre otros, y recibió una mención especial del jurado en el Festival de Punta del Este.
Conversamos con Alexandra Henao sobre la película, pero también sobre el cine venezolano en la situación del país después del 3 de enero de este año, cuando se produjo la intervención estadounidense. Estuvo precedida, además, por una medida del régimen de Maduro que desvió 70 % de los recursos asignados por ley al fondo cinematográfico hacia otro fondo estatal.
“Venezuela se siente afuera de otra manera. Ya no es el país de izquierda con un increíble líder, en el que todos éramos unos desadaptados y no sabíamos lo que teníamos”
Pablo Gamba: ¿Qué te motivó a rodar Mi tía Gilma?
Alexandra Henao: Parte de Mi tía Gilma es biográfica y tenía varios años con esa historia dándome vueltas en la cabeza. Pero la razón es que también tengo tres amigos que murieron por el estado en que están los hospitales en Venezuela. Esas son los dos motivos más fuertes por los que hice la película.
Pablo Gamba: ¿Cómo fue pasar a la ópera prima de ficción, después de haber hecho Kuyujani envenenado?
Alexandra Henao: Siempre estuve brincando entre ambos mundos. Mis tres cortometrajes anteriores fueron ficción. No era tan ajeno. Por otro lado, Mi tía Gilma tiene también mucho de documental. Intenté que el lenguaje fuese más cercano a eso porque sabía que iba a usar imágenes de archivo, y porque me gusta meter a mis personajes en situaciones reales y grabarlos.
Pablo Gamba: Más allá de eso, para hacer Kuyujani envenenado fuiste al Arco Minero del Orinoco, que es una zona llena de conflictos violentos. ¿Qué tipo de experiencia tuviste en este caso, por lo que respecta a la situación del país?
Alexandra Henao: Hubo momentos de tensión. Por ejemplo, estuvimos grabando en el Metro [de Caracas] (subte) y salimos prácticamente corriendo, porque el productor nos llamó y nos dijo que estaban viniendo a quitarnos las cámaras. Tuvimos que montarnos en un vagón e irnos. Todo lo que se grabó en las marchas lo hicimos con una cámara muy pequeña, para no llamar la atención. Hay cosas que tuvimos que hacer un poco escondidos. Estábamos filmando sin permiso porque los permisos no los íbamos a conseguir nunca.
Génesis Azuaje: ¿Cómo usaste las imágenes de archivo, además de grabar algunas cosas en las protestas?
Alexandra Henao: Cuando ves a Isabel caminando entre las marchas, de un lado para otro, todo eso fue grabado en el momento. Fue en marzo de 2019. Las protestas fuertes sí son imágenes de archivo que nos facilitó un periodista.
Pablo Gamba: ¿Podemos saber quién fue o tenemos que mantener su nombre en reserva?
Alexandra Henao: Yo no me atrevería todavía.
Génesis Azuaje: Cuando grabaste las escenas de los hospitales, ¿cómo hiciste?
Alexandra Henao: Lo manejamos con cuatro locaciones. Solo una era parte de un hospital real. Una fue un sótano en el complejo [Centro] Simón Bolívar; otra en un colegio, en la parte de la entrada, y teníamos la parte trasera de un comedor también. Se armó el hospital con todo eso.
En la locación que sí era hospital de verdad filmamos dos domingos, totalmente en secreto. Unos aliados nos ayudaron a entrar en ese sitio. Nos tocaba hacer cosas así porque era imposible que nos dieran los permisos, y pedirlos era como decir que vinieran, nos siguieran y nos prohibieran todo. Como dice el dicho: es mejor pedir perdón que pedir permiso.
Génesis Azuaje: ¿Cómo compararías la experiencia de tratar la crisis venezolana en el documental y la ficción? ¿Qué limitaciones y qué oportunidades ofrecen ambas alternativas?
Alexandra Henao: En el documental tienes un poco más de libertad, porque estás tomando el acontecimiento tal cual es. En la ficción, ese acontecimiento lo tienes que traer a tu historia, a la escena específica que estás contando. Hay más parámetros que tienes que tener en cuenta al grabar ese tipo de escenas.
En el documental, el gran límite es que, si te estás metiendo en esas aguas, es la realidad.
En Kuyujani, en la escena de una asamblea, tuvimos que grabar a escondidas porque era una reunión entre los militares y los indígenas, los yekuana. No podíamos estar ahí porque iban a preguntar quiénes éramos, iba a ser un problema grave de la vida real. A uno de los líderes de los yekuana yo le di la cámara, y él grabó varias escenas de esa asamblea.
En otra parte, en una mina abandonada, los dos yekuanas que fueron con nosotros nos dijeron que nos estaban vigilando. Era grabar, y sentirse observado, y en el Caura, en esa zona minera, la gente está armada. Si nos veían y les daba por disparar, dispararían.
Pablo Gamba: Más allá de la distinción entre documental y ficción, ¿qué puede hacer una película para contar un país?
Alexandra Henao: Contar tu vivencia. Lo que te afecta de ese país, lo envuelves y lo metes en tu historia. En este caso, yo pude haber contado la relación de la tía y la sobrina en cualquier otro contexto. Pudo haber sido en cualquier otro país que funcionara. Pero, al meterlo en el contexto que yo conozco de los hospitales en Venezuela, ya estoy contando un país.
¿Qué es lo que puede hacer la película? Creo que hay películas de ficción que pueden crear documentos. Más adelante, en diez años o veinte, alguien la verá y se dará cuenta de que la situación de los hospitales era así.
Pablo Gamba: Cuando hablas de diez o veinte años, pareciera que estás pensando en un testimonio para la posteridad. ¿Y el presente?
Alexandra Henao: En la actualidad estamos en una situación muy peculiar con la transición y todo eso, pero lo de los hospitales no ha cambiado.
Tanto con Kuyujani como con Mi tía Gilma me he encontrado con que el tema no les cuadra a los programadores. Aquí, en México, entiendo que la Cineteca es bastante abierta con muchos tipos de películas autorales, pero no se ha podido. Es una tranca. Esta película y el documental tratan de algo que parece que no les conviene, que no quieren.
Ahora queremos estrenar en Venezuela. Vamos a ver si se puede. Dentro de poco nos dicen. Después, quisiéramos meterla en una plataforma, a ver si se vuelve un poco más masiva, porque justamente ahora me interesa decir que eso no ha cambiado, que sigue así.
Pablo Gamba: ¿Hay obstáculos para el tema venezolano en el exterior?
Alexandra Henao: No lo puedo decir así porque no tengo pruebas. Te podría decir que en algún lugar me dijeron que no, pero no sé por qué. Puede que me digan que la película no llega a los estándares o que es una película política.
Kuyujani entró en la selección oficial del Festival de Cine de Derechos Humanos de Buenos Aires. Creo que fue porque vieron que era una película de indígenas, de los yekuana. Pero después la programaron el día de la depreciación, en un barrio lejísimos. ¿Quién iría a ver una película en un festival el día de la premiación?
Siempre hay una traba, una cosa. Ha sido bien complicado, en este sentido, con estos dos largos. Espero que más adelante, o tal vez ahora, la cosa empiece a cambiar un poquito. No sé, vamos a ver qué pasa.
Génesis Azuaje: ¿Cómo has sentido la diferencia entre ser directora de una película y tus otros roles en el cine, como dirección de fotografía, guion o producción? ¿Cómo es tu visión del cine como directora, habiendo ejercido estas otras funciones?
Alexandra Henao: Cuando soy directora de fotografía, soy una aliada del director. Tengo totalmente claro que las películas son de los directores o las directoras. Tienes que funcionar como un psicólogo: meterte en la cabeza de esta persona y tratar de realzar y hacer brillar lo que él o ella quiere contar.
Cuando estás como directora, todas las decisiones son tuyas. Todas las preguntas son para ti, todo el contenido y cómo lo vas a contar, sobre todo ese cómo, es importantísimo. Le preguntas a tus aliados, pero tienes que decidir. Hay una responsabilidad mucho más grande.
¿Cómo influye eso en mí como directora? Cuando empiezas a dirigir, habiendo sido directora de fotografía, de verdad encuentras tu manera. A mí se me hace muy difícil copiar otras maneras de contar una historia. Me nace, y es muy instintivo, contar de la manera que yo quiero. No me ha pasado nunca que, cuando estoy dirigiendo algo, me ponga a pensar en cómo lo hicimos en El Inca. Es una historia tuya, y tú sabes cómo la ves. Son dos caminos totalmente diferentes.
Génesis Azuaje: ¿Cómo ves el panorama actual del cine venezolano?
Alexandra Henao: No sabemos qué es lo que viene. Me devano todos los días la cabeza pensando qué será lo que va a pasar. Sí siento que toda esta experiencia que hemos tenido los venezolanos nos ha hecho ser más profundos en nuestras historias. Hubo una época en la que eran más superficiales. Creo que eso se ha fortalecido por el mismo hecho de que el cine viene de las vivencias de los que cuentan las historias o de las vivencias de otros.
Todos los países tienen un fondo que ayuda al cine de autor, que en nuestro caso ha sido el del CNAC [Centro Nacional Autónomo de Cinematografía]. Pero, últimamente, nosotros estamos huérfanos, ya no lo tenemos. Esto ha hecho que empecemos a buscar la manera de hacer cine sin eso. La gente está buscando aplicar a festivales, laboratorios, etcétera, para conseguir fondos de la manera que sea porque el cine no lo vamos a dejar de hacer. Creo que eso nos ha fortalecido, porque antes era solo ir al CNAC o cruzarnos de brazos. El resto del planeta no existía porque el CNAC daba lo que uno necesitaba.
En el último Festival del Cine Venezolano, en el que se canceló [2025], cuando yo iba a ser parte del jurado, entre todas las películas, incluyendo los cortometrajes, eran noventa. Me preguntaba cómo era posible esa cantidad de producción, y es por esa necesidad que tenemos ahora de contarnos.
Génesis Azuaje: ¿Cómo ves el lugar actual de las mujeres cineastas en el cine venezolano?
Alexandra Henao: Creo que Venezuela siempre ha tenido salud en este sentido. Nosotros tenemos muchas directoras. No he sentido que sea una traba enorme ser mujer directora en Venezuela.
Tal vez sí es más complicado para nosotras en los cargos técnicos. Nos cuesta más que a los hombres ascender en esos cargos. Muchas nos estamos formando, pero el embudo llega para ejercer el oficio. Somos muy pocas, y es porque hay pocas oportunidades. Tiene que haber más oportunidades para que una mujer sea gaffer, foquista o directora de fotografía. Todos los cargos pueden ser de mujeres también.
Pablo Gamba: ¿Has atravesado alguna situación en particular en al que te han cuestionado la selección de una mujer para un determinado cargo o a ti misma, por ser mujer?
Alexandra Henao: Sí, y a veces el machismo viene incluso de las mismas mujeres. Puede venir de un lado o del otro, no necesariamente de los hombres.
Una manera de llegar a ejercer es que vayas a una escuela. Otra es que te formes en la experiencia: empiezas como aprendiz, después pasas a eléctrico, a gaffer o a foquista o a cámara, y así. Conocí varias colegas que estaban en el proceso de subir según el nivel de experiencia y, mientras que un chico demoraba meses en pasar de un cargo al otro, ellas podían estar hasta dos años. Incluso conozco casos que han escrito una historia para poder decir que ellas mismas tienen que ser las fotógrafas de esa historia, porque no consiguen que se las den.
Yo lo he sentido un par de veces. Fue muy raro, muy incómodo.
Pablo Gamba: Se ve que sigue siendo incómodo, porque no las mencionas.
Alexandra Henao: En un caso fue un documental que me duele mucho no haberlo hecho como directora de fotografía. Fue porque la directora sentía que el personaje principal tenía mucha afinidad conmigo, una situación muy rara.
El otro caso también fue un documental. La persona principal no quería que la fotografiara una mujer. Dijo que no iba a ser lo mismo que si la fotografiaba un hombre, porque la iba a ver como una mujer y se iba a ver más bella, mientras que una mujer la iba a ver como una competencia, otra cosa rarísima.
Una vez no me querían dar un comercial porque era de un auto. Era la agencia la que decía que con una mujer no se podía. “Que haga comerciales de bebés”, decían.
Tenemos que seguir educando a la gente en ese sentido y abriendo las oportunidades. Si no, no vamos a avanzar más, aunque hayamos avanzado bastante.
Pablo Gamba: Dijiste que se había perdido lo del CNAC. Esto hoy tiene una causa concreta, que es el decreto el decreto 5.143 de Nicolás Maduro, del 25 de junio del año pasado, que despojó al CNAC del 70 % de los fondos que recibe de las contribuciones parafiscales establecidas en la Ley de Cine. Dada la actual situación del país, ¿qué respuesta se le puede dar a esta situación?
Alexandra Henao: En el Foro [del Cine Venezolano] hay una discusión sobre qué podemos hacer para que tengamos de nuevo la autonomía que tenía el CNAC. Pero eso está, igual que todo, en una “transición”, la famosa palabra. Sí siento que hay mucha gente envuelta en que eso pase.
Yo soy parte de la Asociación Venezolana de Cinematografía. Dos de nuestros colegas asisten al Foro y estamos viendo cómo hacer para que al CNAC no se le desvíe esa cantidad de recursos y que sean realmente para el cine. Que vuelva a ser otra vez el fondo al que contribuyen todos los que tienen que ver con el sector audiovisual.
Mucha gente piensa que los recursos del CNAC venían de la caja del Estado. Eso no es así, pero tenemos que seguir aclarándolo y que las televisoras, las productoras, todos los que hacían esa gran “vaca” [el Fondo de Promoción y Financiamiento del Cine (Fonprocine)], vuelvan a aportar y funcione como era. A mí me parece que era una muy buena manera de tener recursos para el cine.
“Tenemos que estar subidos en este autobús, sean ranas o sapos. Esta gente está en campaña. No sabemos lo que va a inventar Estados Unidos. Estamos en un limbo. Pero sea ese limbo como sea, lo que sí tenemos claro es que tenemos que estar montados en lo que venga para tener participación”
Pablo Gamba: ¿Qué crees que puede hacer el cine venezolano frente a la actual situación de tutela a la que los Estados Unidos han sometido a Venezuela desde el 3 de enero de 2026?
Alexandra Henao: Lo que siento en lo que converso con mis colegas es que tenemos que estar subidos en este autobús, sean ranas o sapos. Tenemos que estar involucrados. Esta gente [el gobierno] está en campaña. No sabemos lo que va a inventar Estados Unidos, si se quedan o se van o vuelven. Estamos en un limbo. Pero sea ese limbo como sea, lo que sí tenemos claro es que tenemos que estar montados en lo que venga para tener participación.
Lo que venía pasando es que, cada vez que se cerraba una institución o se desmembraba y se volvía otra cosa, no luchábamos por ese espacio que teníamos. Ahora no: queremos luchar porque la ley vuelva a funcionar, que el CNAC también. Si algunas cosas van a ir a la Villa del Cine , tenemos que ser parte de la Villa del Cine [productora de películas del gobierno creada en la época de Hugo Chávez]. Es no dejar que las cosas se nos vayan de las manos.
Pablo Gamba: ¿Y la democracia? En una época fue muy importante para el cine venezolano la lucha por la liberad de expresión.
Alexandra Henao: Obviamente sí porque todos queremos elecciones. También hay optimismo acerca de que eso ocurra.
Muchos cineastas están haciendo un cine a favor de la democracia. No veo que estemos inactivos a ese respecto. Por ejemplo, hace poco se estrenó Zafari [Mariana Rondón, 2024]. Entró en el circuito de los cines como película extranjera [no recibió la calificación de film nacional]. Nosotros estamos viendo si por esa misma vía exhibimos Mi tía Gilma. Queremos mostrar las películas polémicas, las que te dicen que necesitamos estar en democracia para funcionar.
Génesis Azuaje: Y sortear todos los obstáculos para que se exhiban todas las películas que no se quiere que se vean en Venezuela.
Alexandra Henao: Sé que el Festival del Cine Venezolano va a volver. No es que se acabó [en 2025 se suspendió]. Antes sentía que había una gran depresión. Si todo estaba caído y se caía algo más, ¿qué íbamos a hacer?
Génesis Azuaje: ¿Qué alternativas hay para los cineastas que no tienen acceso al CNAC ni están en los gremios y, por tanto, no les llega la información de lo que se está hablando?
Alexandra Henao: Yo eso lo veo más en los que estamos en la diáspora. A los que están en Venezuela, por lo menos los colegas de dirección de fotografía, los veo involucrados.
Pablo Gamba: La pregunta es también por las nuevas generaciones. Ha habido cierta dificultad para que gente nueva entre al cine venezolano.
Alexandra Henao: Hay muchos jóvenes que opinan que entrar es muy complicado, como que está muy cerrada la cosa. Eso lo puedo sentir. Ahorita mismo, que están empezando a cambiar cargos, me digo, ¿no es la misma gente? Uno se pregunta si algunas instituciones no cambian nunca de presidente y otras no cambian de directivos. Ni siquiera estoy hablando de que sean los mismos chavistas, no. Son los mismos de la misma gente. Es igual que lo que estamos criticando, juntas directivas que se quedaron para siempre. Así tampoco, tiene que entrar oxígeno.
A veces sentimos que es como una casa en la que no entra nadie, y los jóvenes lo están sintiendo muchísimo.
Al mismo tiempo, sin embargo, ellos están haciendo cosas paralelas. Hay unos cortometrajes de la EMA [Escuela de Medios Audiovisuales de la Universidad de los Andes] y de la [Universidad] Católica que tienen un nivel increíble. Así sea una casa cerrada, esa otra ola es imparable.
Génesis Azuaje: ¿Cuál es la importancia de hacer películas como Mi tía Gilma en el contexto actual de Venezuela?
Alexandra Henao: Esta película la hicimos en 2019. Si yo me planteara ahora ir a hacer una película en Venezuela, que es lo que debería hacer, porque este es un momento histórico, si pudiera ir y hacer un documental sobre las cosas que están pasando, estaría buenísimo tomar un personaje que me lleve por alguna de las cosas que hay que contar de lo que es este gobierno de los Estados Unidos con el chavismo que quedó. Es muy raro todo. También sería muy raro contarlo porque, ¿de dónde te agarras? Pero hay que contarlo.
Soy de las que creen que en esta etapa, y en etapas anteriores, en las que también hubo gente que hizo trabajos increíbles, tenemos que contar todo. Eso queda como documento. Es lo que la gente, más adelante, va a poder ver, así como yo me enteré de la Venezuela de cuando era niña, viendo las películas anteriores. El cine es eso supernecesario, y en estas coyunturas más que nunca. Hay documentales que son pruebas de cosas como violaciones de derechos humanos. Son pruebas de todo esto.
Génesis Azuaje: Como las cosas en Venezuela cambian tan rápido, haces una película y, al año siguiente, no es lo mismo que grabaste.
Alexandra Henao: Exacto.
Génesis Azuaje. Para cerrar, aunque ya veníamos hablando un poco de eso, ¿qué perspectivas ves para las nuevas generaciones de cineastas venezolanos que se están formando?
Alexandra Henao: Siento que viene una generación con mucho vuelo. Viene, además, con una ventaja que no tenemos nosotros, y es que desde muy jóvenes están entendiendo de todo el asunto político, están muy activos y muy formados. A mí, cuando joven, la política no me importaba. Ahora tienen ese plus. Tienen, además, una visión muy global de todo este mundo que está al revés.
Además, van a tener la ventaja que, desde este año, Venezuela se siente afuera de otra manera.
El mundo entero está a la expectativa de qué va a ser este experimento, en qué va a parar. Ahora nos ven de otra manera. Ya no es el país de izquierda con el increíble líder en el que todos éramos unos desadaptados y no sabíamos lo que teníamos. Las películas que vengan van a tener más plataformas para mostrarse, menos problemas para que sean aceptadas en un festival u otro. Nos están viendo de otra manera, aunque sea como el experimento que quieren saber dónde va a parar.







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