Mujeres que sueñan un país

 

Por Mariana Martínez Bonilla

Mujeres que sueñan un país (2022), el más reciente documental del cineasta cubano Fernando Fraguela, se presenta como parte de la programación del IV INSTAR, festival de cine organizado por el Instituto de Artivismo Hannah Arendt, fundado y dirigido por la artista y activista cubana Tania Bruguera. Este año, el foco principal de su curaduría está en el carácter transnacional del cine cubano contemporáneo. En las proyecciones, que tendrán lugar en diversas sedes internacionales del 4 al 10 de diciembre, el festival presenta una serie de películas y cortometrajes (tanto cubanos como de otras procedencias) en las que se tematizan las tensiones que implica el vivir en países con regímenes totalitarios.

Esta película de Fraguela, ganador del premio a Mejor Documental en el Festival de Cine de Málaga por El Matadero (2021), narra los acontecimientos ocurridos en Cuba a partir de los levantamientos civiles organizados por el Movimiento San Isidro (MSI), como respuesta a la entrada en vigor del Decreto 349, el cual regula las actividades artísticas y culturales del país. Dicho decreto se implementó después de que un grupo de artistas, gestores culturales y teóricos cubanos organizaron, de manera independiente, la 00 Bienal de La Habana en mayo de 2018. Ante dicha iniciativa, el gobierno cubano decidió censurar y reprimir las actividades de la Bienal, pero también todas aquellas desarrolladas por diversos agentes culturales considerados como opositores al régimen.

Las consecuencias de la implementación del decreto, por su parte, tuvieron como respuesta la participación de los integrantes del MSI en diversas protestas y presentaciones de quejas que tomaron la forma de performances, festivales de cine (Celuloide Quemao), redacción y firma de manifiestos y festivales de poesía, entre otras tantas actividades. La respuesta del estado cubano ante las iniciativas del Movimiento ha violentado los derechos humanos de sus integrantes constantemente, privándolos de su libertad y sometiéndolos a varias formas de acoso y represión.

Uno de los ejemplos más paradigmáticos de lo anterior fue la detención del rapero Denis Solís el 9 de noviembre de 2020, exactamente un mes después de que fuera sitiada la sede del Movimiento en La Habana, por supuesto desacato, tras difundir un video en redes sociales en el que un supuesto oficial de policía entró en su casa sin una orden judicial. Tras esta detención, los miembros del MSI organizaron nuevamente una serie de protestas caracterizadas por ser formas de resistencia cívica pacífica, buscando un diálogo con las autoridades del Ministerio de Cultura Cubano, quienes, después de permitir que 20 representantes del Movimiento externaran sus preocupaciones y exigencias, implementaron diversas campañas de represión que fueron documentadas por los manifestantes.


Mujeres que sueñan un país, recupera los testimonios de tres mujeres que participaron en los acontecimientos que derivaron de la huelga del MSI (la conformación del movimiento 27N; el estallido del 11J y la marcha cívica del 15N), la cual incluyó la huelga de hambre de algunos de sus integrantes y que estalló con motivo de las protestas por la arbitrariedad de la sentencia impuesta a Denis Solis, pero cuyo trasfondo fueron las constantes amenazas y represiones, así como los cambios económicos impuestos por el gobierno cubano.

Así pues, Daniela Rojo una madre de familia, artista y poeta autodidacta; Katherine Bisquet, escritora y poeta, y Anamely Ramos, docente universitaria de teoría e historia del arte, protagonizan este documental, narrando las implicaciones y urgencias del movimiento civil de resistencia organizada en el que participaron y tras el cual fueron condenadas al exilio, ya sea porque no pudieron regresar a Cuba por órdenes explícitas del estado cubano, por complicidad con otros agentes internacionales o, como en el caso de Daniela Rojo, autoexiliándose en Alemania como asilada política.

En el manifiesto del 27N, bajo el subtítulo “El país que soñamos”, los artistas, intelectuales y periodistas que lo redactaron, expresan sus deseos por habitar un país en el que la violencia, la represión y la censura sean erradicadas en aras de una democracia próspera y equitativa. Mujeres que sueñan con un país explora esos deseos al subvertir el machismo propio de la narrativa estatal oficial al hacer de Daniela, Katherine y Anamely sus protagonistas, al otorgarles no solo un lugar primordial en el encuadre, sino al posicionarlas como los sujetos que enuncian críticamente la urgencia de pensar las contradicciones históricas del régimen y sus consecuencias actuales: desde la represión en contra de Denis Solís y Luis Manuel Otero, hasta la imposibilidad de reunirse con sus familias, o acceder a información no sesgada sobre la actualidad en la isla.

Los testimonios de cada una de estas mujeres explican serenamente, desde sus muy particulares puntos de vista, el caudal de imágenes provenientes de diversas transmisiones en vivo a través de Facebook realizadas durante las protestas y los actos de resistencia del MSI, pero también de otros agentes culturales y civiles, que el director recopiló. El contraste entre la claridad de las palabras que cada una de las protagonistas del documental elige para dar cuenta de lo sucedido después del 26 de noviembre de 2020, y las imágenes borrosas de la perturbación y la brutalidad hace patente la desolación de un estado de cosas en el que ante la lectura colectiva de un poema (hecho que tuvo lugar el 27 de enero de 2021), las autoridades respondieron violentamente.


Las imágenes temblorosas, fuera de foco y en formato vertical que buscan registrar los diversos momentos de violencia y represión nos hacen recordar aquellos registros audiovisuales de la Primavera Árabe (2010-2012), la primera revolución que se grabó con teléfonos inteligentes. La rápida propagación de los levantamientos a través del Internet y la hiperconectividad de las movilizaciones lograron exceder y quebrantar cualquier intento autoritario por controlar el flujo de la información. Por primera vez el mundo podía ser testigo en tiempo real de los levantamientos sociales, pero también de la violencia con la que las autoridades intentaron controlarlos.

En el caso cubano, las transmisiones en vivo, por parte de la ciudadanía que compartía los ideales antirégimen del MSI, así como de los miembros del Movimiento que, desde dentro de su sede, lograron registrar el violento allanamiento, se convirtieron en una de las principales formas informativas ciudadanas de producción de contranarrativas, como dan cuenta los testimonios de Daniela, Katherine y Anamely.

Esas imágenes empobrecidas, como las llamaría la artista y ensayista alemana Hito Steyerl, son documentos que dan cuenta de la efervescencia y la convulsión del momento que fueron grabados y transmitidos gracias a los teléfonos celulares de sus participantes, para lo cual, como explica el intertítulo que da inicio a la película, resultó de suma importancia la llegada del internet móvil a la isla durante el 2019. Sin ellas, así como del acceso a través de VPN a canales informativos independientes y críticos del régimen, hubiese sido imposible sortear la censura y represión que buscaron acallar al Movimiento y sus protestas.


El dramatismo de los sucesos no es descartado por Fraguela en Mujeres que sueñan un país. Al contrario, es desde la inconformidad y la rabia que su trabajo toma posición y ofrece una visión panorámica de la genealogía de los acontecimientos y de sus desencuentros con un régimen político que buscó aplastar con toda su maquinaria represiva cualquier intento de sublevación. Sin renunciar a las potencias expresivas del medio audiovisual, en favor de la narración, este documental potentemente ético y reflexivo, que se suma a una larga lista de obras reaccionarias que se enfrentan al totalitarismo en Cuba como las obras del propio Luis Manuel Otero Alcántara, los poemas de Bisquet y el arte político de Tania Bruguera, busca hacer inteligibles los acontecimientos que se han vivido en cuba en los últimos años, como parte de un contexto más amplio y profundo en el que las mujeres han tomado la palabra para abanderar la lucha por un estado democrático y libre.

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