Manifesto of Feeble and Bitter Love y Polychora

 

Por Pablo Gamba 

Manifesto of Feeble and Bitter Love (México, 2025) y Polychora (México, 2026) son los dos más recientes cortometrajes de Abinadi Meza. El segundo se estrenó en Art + Film + Vienna; el primero en Bideodromo, en Bilbao, y estuvo en Adriatikino, en Italia. Ambos son parte de la serie Cine Elemental de películas de animación sin cámara que el cineasta estadounidense-mexicano inició en 2022. Comprende otras piezas sobre las que hemos escrito en Los Experimentos: Sunspots (México, 2025), Eyes Break Into a Thousand Lights (México, 2024), Aka (México, 2024), Parangolé (México, 2023) y Tlaloc (México, 2023). 

En Manifesto of Feeble and Bitter Love, Meza trabaja de nuevo con el deterioro causado por la exposición a los elementos en un rollo de película de 16 mm, combinado con el entintado. El resultado abstracto es una apertura a reencontrarnos con una capacidad de percibir visualmente que en el mundo moderno se atrofia, como diría el filósofo Walter Benjamin, o se mecaniza y se hace abstracta, según Stan Brakhage, figura capital del cine experimental. 

Esta es una película hecha en respuesta a la guerra en la Franja de Gaza, Ucrania, Sudán, Irán y otros lugares del mundo. Es algo que hace por la vía de lo discursivo, como lo indica el título, pero también de lo performativo, del gesto. Es algo que he comentado también en este blog respecto a Consider (Brasil-Jordania-Alemania, 2024), de Ж, en la que este cineasta perforó el cuerpo del film de modo análogo a los agujeros de bala. 

Meza creó el sonido de Manifesto of Feeble and Bitter Love a partir de un fragmento de material de los medios informativos, en el que un prisionero palestino liberado llora por la destrucción de Gaza. No recurrió, sin embargo, a lo que parece dramáticamente obvio. Recortó dos segundos en los que esta persona tomó aire, entre el llanto. Es otra reacción del cuerpo, de la respiración, como alternativa a lo que no alcanzan a expresar las lágrimas y gritos que en la televisión e internet se repiten porque el espectáculo del sufrimiento es un negocio. Tomar aire es algo en lo que como seres vivos, todos somos iguales a esa persona, y me hace pensar en un film del Colectivo Los Ingrávidos sobre las bombas lacrimógenas, Tear Gas (México, 2019). 

Los seis minutos de sonido de Manifesto of Feeble and Bitter Love son una exploración de las posibilidades de la materia sonora de esa respiración, que es como la vida que se confronta con la destrucción de la banda visual. En la película hay un trabajo con los rojos y naranjas que intensifica la evocación del fuego, en paralelismo con las huellas del material fílmico expuesto al deterioro. El color modifica allí lo háptico, la sensación cuasitáctil que transmiten la textura y el movimiento frame by frame del film digitalizado. 

El título es el mismo de un manifiesto de Tristan Tzara. Data de 1920 y es un texto que declara que su “única pretensión es encontrar una cura instantánea para la sífilis política, astronómica, artística, parlamentaria, agronómica y literaria”. Lo escribió el poeta dadaísta en respuesta a circunstancias aún marcadas por el reciente horror de la Primera Guerra Mundial en Europa. 

En la animación abstracta de esta pieza podríamos encontrar algo superador del sinsentido que esa vanguardia hallaba en su mundo destruido. Es el afinamiento de la percepción, el redescubrimiento de su capacidad de alertarnos y de restituir nuestra sensibilidad atrofiada o automatizada con impresiones distintas de las que se pierden en la abstracción del mundo, en la irrealidad que adquiere cuando lo percibimos en los medios de comunicación, lo cual incluye la propaganda que se hace de modo similar contra la guerra. 

En los Estados Unidos, piezas como esta son gestos de oposición al guerrerismo del país del que el cineasta es ciudadano. En este sentido también cobra valor la “política de la respiración” de Los Ingrávidos, un colectivo de México, la otra nación de la cual Meza posee la ciudadanía.


Escribo sobre Polychora después de Manifesto of Feeble and Bitter Love porque me parece el orden necesario. Es un corto en el que el verde y el azul son dominantes, y con ellos una sensación de calma y una evocación de la vida, frente a los rojos y naranjas de la otra pieza. Tiene, además, un aspecto visual líquido en sus mutaciones formales, frente a las llamas y fragmentos sólidos de Manifesto, y es una experiencia de inmersión en el placer sensorial. 

El título refiere a la geometría, a las figuras de cuatro dimensiones que están fuera del alcance de nuestra capacidad de percibirlas. Polychora nos lleva a sumergirnos también en una impresión liminar con lo imposible, mediante figuras cuya mutación desafía la impresión de tridimensionalidad que se puede transmitir con el plano fílmico. 

Son figuras abstractas, pero no geométricas, además. Hay algo de celular en ellas y, en detalles que parecen de membranas de cuerpos que se fisuran, podemos sentir también una falta de solución de continuidad entre lo líquido y lo sólido. Hallamos la impresión de solidez igualmente en el sonido, en lo háptico de las partes rítmicas de la música. 

De las bocanadas que buscan aire para cortar el llanto, del ahogo de la desesperación, pasamos aquí a otra resistencia de la vida. Es como si, en vez de estar contenida en nuestros pulmones, en el cuerpo, estuviese en un microcosmos posible, sin aire y, sin embargo, habitable; en las formas vivientes, pero también a su alrededor; así en la imagen como en el sonido. 

La de Polychora, sin embrago, no es una vía que vaya de los sentidos a la lucidez del pensamiento y de la acción, como la de Manifesto. Podría serlo, si, hacia una paz tranquilizante, necesaria como un refugio de lo real. Pero no encontramos en torno a ella nada como la “política de la respiración”.

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