Cortos en homenaje a Jonas Mekas

Por Pablo Gamba

Una compilación de 21 cortometrajes en homenaje al centenario del nacimiento de Jonas Mekas, que se cumplió el 24 de diciembre, fue hecha por el cineasta Antonio Bunt para el festival mexicano Ultracinema a partir de una convocatoria internacional. Estuvo liberada en Internet desde ese día hasta Navidad. Aquí voy a comentar tres de los cortos porque creo que están entre los que más lúcidamente dialogan con la obra del cineasta y crítico, y por razones de tiempo y espacio.

Lightnings (Rumania, 2022), de Radu Jude, de dos minutos, me pareció la mejor pieza de Mekas 100!. Es tan simple como un plano grabado con un celular o cámara digital de baja resolución en mano en el balcón de un departamento en una noche de lluvia, con los relámpagos del título en inglés y los truenos como un murmullo lejano.

El movimiento de la cámara produce una visión análoga a la libertad del ojo que mira una situación común, pero con asombro. En esto se halla implícito el homenaje que hace explícito la frase “Jonas Mekas nos enseñó a ver a belleza de la vida diaria”, dicha por el cineasta rumano en off. Lo cotidiano también se siente en la voz, probablemente de un hijo o hija, que se escucha un instante fuera del campo visual.

Lo más significativo de la pieza es cómo se descubre esta belleza en la sección visible del paisaje de ciudad, que no tiene ningún atractivo singular, y bajo lo que tampoco es una tormenta, en el sentido espectacular de la palabra, sino poco más que una lluvia fuerte y pertinaz. Los relámpagos, sin embargo, tienen una frecuencia asombrosa y, por la falta de paralelismo sonoro en los truenos, dan la impresión de que los edificios, que por sí mismos no son nada extraordinario ni llamativo, se iluminan reiteradamente como con una luz propia que les da visibilidad en la noche.

Lightning”, hay que recordar, puede traducirse también como “iluminación”, y es de eso que se trata el cine de Mekas para Jude: de estar atentos a lo que puede inesperadamente darnos esa luz en la vida cotidiana e iluminarnos acerca del mundo que nos rodea, y cómo el espacio y tiempo de nuestra vida es la experiencia de habitarlo. La razón de ser de la cámara –cualquier cámara que tengamos a mano–, y por tanto del cine, es darnos otra manera de ver que nos ayuda a percatarnos de esto.

Del diálogo que se establece en Lightnings con la obra de Mekas, y que es casi como una exégesis por los medios del cine, en Vive le (non) cinéma (Suiza-Brasil, 2022) se pasa al domino de las preguntas, que puede ser más interesante. Las cosas reales que se iluminan y nos dan luz en el corto de Jude son motivo de inquietud por su ausencia en sus imágenes en esta pieza de correspondencia audiovisual de Nikolas Candido y Tetsuya Maruyama. También lo que se siente, pero no se ve, en las imágenes.

El motivo de la ventana está aquí como una analogía del balcón. Pero puede se una apertura, enrejada por protección, hacia un afuera en el que se percibe una atmósfera de peligro, vinculado a la tensión que causan los indicios de una violencia social. También la ventana es un recurso para multiplicar el espacio en el plano, cuando se yuxtaponen varias y cada una de ellas es una apertura hacia un espacio diferente. El tiempo, a su vez, puede percibirse como a través de un prisma en esta pieza. Por ejemplo, el presente de una voz en off, con su correlato visual, se yuxtaponerse a una imagen explícita del futuro en otra ventana del plano, lo que lo retrocede al pasado.

La pieza entera se desarrolla, así, en torno a la cuestión de la presencia/ausencia. Esto incluye la bella imagen poética de la palabra “imagen” recortada en un cartón que, atravesado por la luz, la proyecta donde no está, sobre una página de un libro ilustrada con proyectores. También hay una referencia al cine que se propone hacer patente su materialidad, pero es también otra ausencia al proyectarse en la pantalla. Ironiza esto el registro con cámara en mano de la proyección, que la hace parecer una “ventana” como las ya vistas, aunque movediza, en el limbo negro del plano digital.

Quizás lo mejor que puede hacerse con la obra de un cineasta genial, como Mekas, y lo que más ayuda a mantenerla viva es traer a colación los debates en torno a ella. Pero para lograr esto hay que demostrar que se lo ha entendido, lo que Candido y Maruyama logran también con el humor inteligente que hay que tener para parodiarlo con admiración. Ocurre en particular en un plano en el que se reitera el interés por los insectos que el realizador japonés, radicado en Brasil, demostró en Antfilm (Brasil, 2021).

De las películas de la compilación que dialogan con Mekas con respuestas desde otros lugares y perspectivas me gustó también la primera en orden de programación: Sueño cotidiano (México, 2022), de Jonatan Orozco. Es una pieza punk, como lo hace notar la superposición de un plano detalle de dientes a los dos grandes planos generales del comienzo del video con una violencia implícita que solo está allí.

Sueño cotidiano tiene una textura de video analógico de baja resolución y se desarrolla como un diario de la cotidianidad que comprende el traslado de un espacio de la periferia urbana, y del interior de una vivienda, presumiblemente ubicada allí, a lugares de la ciudad en los que los automóviles y la arquitectura pensada en función de su desplazamiento son dominantes en el espacio. Esto tiene un correlato temporal. Las imágenes del comienzo están fechadas por la cámara en 2013, pero después hay una aceleración que implícitamente las “actualiza” y con la que los insectos, de muy lentos movimientos en el hogar, son el correlato viviente del frenesí de los autos.

Quizás no parezca apropiado para homenajear a Mekas una película que tiene poco de bello, y lo que tiene es cliché. En este contexto, sin embargo, en planos como el subjetivo del personaje encendiendo el calefón, con destellos de luz que hieren el video, siento un espaldarazo irónico del cineasta underground a Sueño cotidiano.

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